Crítica: «2012» de Roland Emmerich
Cuando ves por primera vez «Independence Day» te recorre una sensación de visionar algo fascistoide, irritantemente patriótico y profundamente estulto. Sensaciones exactas y correctas que se ven corregidas cuando te das cuenta, al repasar de nuevo algunos fragmentos, que lo que estás viendo en realidad es una comedia involuntaria.