Crítica: «Eclipse» o sin novedad bajo el sol
David Slade mejora visualmente una saga que no hace más que reiterarse a sí misma
David Slade mejora visualmente una saga que no hace más que reiterarse a sí misma
El universo de Tim Burton y de Lewis Carroll confluyen en muchos aspectos: en ese gusto por los personajes marginales y extremos, en hacer navegar a seres perdidos por universos oníricos sobrecargados de claroscuros, en inventar e imaginar con extrema y original creatividad, en arriesgar narrativamente.
Hace prácticamente un año escribía, casi febrilmente, mis impresiones sobre «Crepúsculo» entusiasmado con una película extraordinaria que ofrecía una brillante reflexión sobre la desencantada juventud actual y sus pensamientos y miradas, una emocionante historia de amor barroca y pasional, de un romanticismo excepcional que encontraba su contrapunto perfecto en una narración moderna, heredera de la televisión y la MTV, fragmentada y dinámica que, acompañada por una música disonante y enrarecida, creaba una perfecta atmósfera de pérdida y dolor que servía como telón de fondo para la explosión del amor más intenso y peligroso.
Tiene «Crepúsculo» una indisimulada alma nihilista que consigue recorrer, con iluminación, a una juventud que se muestra desangrada y pesimista, ensimismada en miradas al vacío y cuya falta de compromiso con sus propias vidas queda manifestada en su actitud desazonada y pasiva, atenazada en espera de su rescate.