Crítica: «Wall·E» de Andrew Stanton
Hoy en día resulta difícil emocionarse de verdad en el cine. Historias artificiales y recursos fáciles alejan al espectador de esa conexión sincera con el celuloide a través de la lágrima.
Hoy en día resulta difícil emocionarse de verdad en el cine. Historias artificiales y recursos fáciles alejan al espectador de esa conexión sincera con el celuloide a través de la lágrima.
Ya faltan pocas horas para que el Kodak Theater acoga la entrega de los Oscars de este año, en una edición que ha peligrado por la huelga de guionistas y que viene marcada por un acento valientemente independiente.
Creo humildemente que sí. La película de David Fincher debe situarse en lo más alto en cuanto a calidad cinematográfica de este año 2007. Por múltiples razones.