Crítica: «Wall·E» de Andrew Stanton
Hoy en día resulta difícil emocionarse de verdad en el cine. Historias artificiales y recursos fáciles alejan al espectador de esa conexión sincera con el celuloide a través de la lágrima.
Hoy en día resulta difícil emocionarse de verdad en el cine. Historias artificiales y recursos fáciles alejan al espectador de esa conexión sincera con el celuloide a través de la lágrima.
La nueva película de animación de Dreamworks es como el aire acondicionado en el verano. Lo disfrutas mientras está encendido y, cuando se apaga, vuelves a tener calor.