Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 5 meses

Estrenos de cine: «Luna Nueva» decepcionante y «Amelia», biopic que huele a azúcar

Dulzona como mínimo, ¿apostamos?«Luna Nueva», estrenada el miércoles es, sin duda, el gran estreno de la semana. Muchas expectativas y pocos logros para una continuación vulgar de la maravillosa «Crepúsculo».

Ni Robert Pattinson salva la función, destinada en exclusiva a las adolescentes cuyas hormonas dan más brincos que una pulga de la Pixar.

Una lástima porque la primera entrega era interesantísima incluso a nivel sociológico.

El segundo estreno de la semana me huele a azúcar, ese azúcar quemado que te deja la boca tan pastelosa como la de un gatillo. Quizá me equivoque pero «Amelia» tiene pinta de provocar caries a destajo. Hilary Swank interpreta a la aviadora y Richard Gere a su amor. No me genera ninguna garantía la presencia de Mira Nair tras las cámaras. Lo único que me apetece escuchar es la música de Gabriel Yared, que seguro que será preciosa. Por lo que he escuchado, a lo John Barry.

Al que le gusta explicar historias sobre parejas que se replantean su vida y dónde están es a Sam Mendes. «American Beauty» o «Camino a la perdición» o más claramente «Revolutionary Road» (una de las mejores películas del año) nos hablaban de relaciones que se autocuestionan. Tema también presente en «Un lugar dónde quedarse», su último film, pero en un tono menor y cómico, más relajado que sus habituales densas y enjundiosas películas.

Por último, también podremos ver esta semana a Russell Crowe en «Tenderness» o la curiosa «La Noche que dejó de llover».

Away We Go 7

Y, para acabar, mi antiguo compañero de clase Isaki Lacuesta (es cierto este dato) ha estrenado «Los Condenados», interesante aunque fallida cinta sobre las huellas que la lucha armada dejan en la vida. Ganó el premio FIPRESCI en San Sebastián pero no está a la altura de sus geniales documentales «Cravan vs Cravan» o «La Leyenda del Tiempo». Siendo honesto, no pude quitarme la sensación viendo la película de que Isaki se lía tratando de explicarnos su historia.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 5 meses

Crítica: Vulgar y vacía «Luna Nueva»

Robert, yo también estoy desoladoHace prácticamente un año escribía, casi febrilmente, mis impresiones sobre «Crepúsculo» entusiasmado con una película extraordinaria que ofrecía una brillante reflexión sobre la desencantada juventud actual y sus pensamientos y miradas, una emocionante historia de amor barroca y pasional, de un romanticismo excepcional que encontraba su contrapunto perfecto en una narración moderna, heredera de la televisión y la MTV, fragmentada y dinámica que, acompañada por una música disonante y enrarecida, creaba una perfecta atmósfera de pérdida y dolor que servía como telón de fondo para la explosión del amor más intenso y peligroso.

Un año después y tras millones de espectadores, con sus actores en carpetas de jovencitos y jovencitas, sueldos multiplicados, imposiciones de productores, nervios de los distribuidores y toda la parafernalia del cine americano comercial cuando apuesta firme y no arriesga, queda muy poco de lo que nos maravilló de la primera.

«Luna Nueva» es uno de los ejemplos más palmarios de cómo los intereses comerciales tras un éxito de taquilla rotundo pueden destruir una historia con encanto.

Aquella película que llegó con aura de importancia pero que se ganó el respeto artístico de todos por su apuesta, por su singuralidad, por su atrevimiento formal y escrito ha sido terriblemente vulgarizada por un artefacto más del cine bolsillero más desalmado que sólo está pendiente de agradar a jovencitas fanáticas de Robert Pattinson o del musculoso jovencito hombre lobo.

Cine de carpetas de instituto en detrimento de un cine de riesgo que alcanzó su estado de gracia en su primera entrega y que, probablemente, no volveremos a encontrar.

Chris Weitz no se ha limitado a realizar un film anodino y vacío, sino que ha despojado a la saga de lo que impulsó a la primera parte: el resultar veraz en la explicación de las pulsiones juveniles, en tener un estilo personal, en ser convincente en la narración de un amor tan al límite.

Vacía y morosa, lenta y sin sustancia, dilatada y precipitada al mismo tiempo, «Luna Nueva» desdibuja una saga que se inició fascinante y que ha sido ultrajada por tan insigne ejemplo de cine corriente. Sin estilo ni riesgo, sin una apuesta artística firme, la historia se muere y cae en los terrenos que antes sorteaba gracias a su originalidad y valentía: los pantanosos territorios de lo queco y lo rancio.

Poco nos importa ese amor tras ver «Luna Nueva» y eso es lo peor que se puede decir de una historia.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 6 meses

Crítica: «2012» de Roland Emmerich

Parece que va a refrescarCuando ves por primera vez «Independence Day» te recorre una sensación de visionar algo fascistoide, irritantemente patriótico y profundamente estulto. Sensaciones exactas y correctas que se ven corregidas cuando te das cuenta, al repasar de nuevo algunos fragmentos, que lo que estás viendo en realidad es una comedia involuntaria.

Este nuevo género, el de la parodia fortuita, es obra de este inaugurador genérico llamado Roland Emmerich, realizador (¿podríamos decir que es un director?) de las películas más desvergonzadas e idiotas que el cine americano comercial nos ha deparado en los últimos tiempos.

Si la mala fama del cine americano palomitero tiene un nombre, este alemán, que parece sufrir un problema con los tamaños, es uno de sus principales preconizadores.

«Independence Day» no rozaba el ridículo, lo hacía, con un presidente pilotando la nave que aniquila a los marcianos y con un Will Smith con puro en boca que encarnaba una sucinta apología del mal gusto hablado.

«Godzilla», donde su problemas con los tamaños se hacían evidentes en el eslogan promocional de la cinta («el tamaño sí importa»), era otro compendio de machacona grandilocuencia sin misterio ni interés, aunque evitaba, siendo aburridísima, instantes vergonzantes.

No hablo de «Stargate», por poco apetecible, ni de «10.000 BC» que era directamente un suplicio y nos centraremos, tampoco demasiado, en «2012», la última barbaridad de Emmerich, un film de dos hora y media de duración con catástrofes mayúsculas (¿puede existir alguna mayor que el fin del mundo?) y todo un ramillete de situaciones perversamente pensadas por el director para hacerte sentir vergüenza ajena.

En mucho tiempo no veíamos una película tan profundamente idiota como ésta, y lo es tanto que hace gracia. Unas buenas carcajadas te salen del cuerpo al ver al caniche funambulista, o el doblaje del ruso necio, o al comprobar que mueren los adúlteros, las segundas parejas, los avariciosos y los presidente abnegados. Como te destornillas en las supuestas escenas trascendentes, cuando el mandamás se incorpora lentamente y se dirige con solemnidad al mundo o cuando un avión pasa entre dos edificios justito, muy justito.

Se muestra uno tan suelto viendo estos dislates que acaba entreteniéndose tratando de ver a Zapatero, o comparando al Berlusconi devoto de la función con el casquivano de la realidad, o esperando que se nombre al país de uno.

En definitiva, no puede haber más derroche de efectos visuales, de escenarios, de actores, de tramas y, principalmente, de esa forma de hacer mal cine de Emmerich que está tan despreocupada de lo imbécil que resulta que empieza a tener hasta encanto, el encanto del nuevo género que ha creado: las películas de catástrofes que son catastróficas.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 6 meses

Estrenos de la semana: Atractivas «Celda 211» y «The Box»

El tipo da bastante miedoSemana caliente con dos películas que ardo en deseos de ver. Por una parte, Daniel Monzón, otrora crítico, nos trae el drama carcelario «Celda 211» con un Luis Tosar, dicen, en estado de gracia.

La película está escrita por el director junto al habitual de Alex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría, y ha cosechado inmuerables buenas críticas tanto en Venecia como en el Festival de Sitges. Lo cierto es que tiene una pinta estupenda. Por cierto, hablando de temas carcelarios no se pierdan cuando se estrene la magnífica película de Jacques Audiard, «Un prophète», también ambientada entre rejas.

Richard Kelly conmocionó al mundo con «Donnie Darko», película fascinada y extraña, que adquirió rápidamente el status de film de culto. Desde entonces, su carrera ha sufrido algún varapalo considerable teniendo en cuenta las expectativas que levantó tan estupendo debú.

«The Box» es su última película y no puede tener una premisa mejor. Basada en un cuento corto de Richard Matheson, «The Box» nos propone un dilema moral de primer calado. ¿Aceptaríamos apretar un botón si al hacerlo recibieramos un millón de dólares y causáramos la muerte de alguien desconocido?

Box Firstlook Marsden Diaz

La duda está en si al alargar la trama, la idea se mantiene o se pierde. Muchas ganas también de verla.

También llega a nuestras pantallas hoy una comedia de Nora Ephron, blandita como ella sola, titulada «Julie y Julia» sobre dos mujeres, Meryl Streep y Amy Adams, una cocinera y otra en crisis que elabora las recetas de la primera.

Dos propuestas más: «Pandorum» film de ciencia-ficción dirigido por Christian Alvart que esperemos que le salga mejor que su anterior, y deficiente, «Expediente 39» que era para echarse unas risas; y «Hachiko» un film de Richard Gere con perrete incluído.

Para acabar, dos títulos catalanes. Ventura Pons vuelve a intentarlo con «A la deriva» donde lo mejor volverá a ser la música de Carles Cases (me apuesto algo) y Jesús Garay nos presenta «Eloïse».

Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 6 meses

España será menos tragicómica sin López Vázquez

Hasta siempre, maestroUn ser tan entrañablemente respetado como George Cukor, ese director americano delicioso, dijo de José Luis López Vázquez que si hubiera nacido en Hollywood sería uno de los mejores actores del star-system y que sus premios ocuparían filas y filas de estanterías.

Quizá nacer y vivir en España no le ha deparado ningún Oscar pero sí el curioso mérito de ser el principal adalid de ese cine tragicómico español, tan nuestro e identitario, que las sabias páginas de guionistas sublimes como Rafael Azcona y directores únicos como Berlanga hicieron símbolo del cine español más inteligente y menos reaccionario.

José Luis López Vázquez ha muerto y el cine español sigue perdiendo a toda una generación de actores que hicieron reír a nuestros padres y a nosotros.

El cine español pierde a otro actor excepcional, brillantísimo, derrochador de tanto talento cuando daba réplica a Gracita Morales, cuando leía las líneas del Azcona Berlanguiano o cuando interpretada a un travesti de la mano de Jaime de Armiñan.

La grandeza de Vázquez está en sus comedias y en sus dramas, sin separación ni notas a pie de página. El actor grande lo es siempre.

Toreando una vaquilla consiguió, en un título de aquellos de los 60 que uno ni recuerda, hacerme reír tanto que sigue insertado en mi memoria cinéfila, esa que almacena lo que a uno le sirve.

Mi respeto y mi devoción por él como por todos aquellos genios que nos dejaron antes, quizá, sin el prestigio que la parte dramática de su carrera le dio a López Vázquez. Hablo de los maravillosos Juanjo Menéndez o José Bódalo.

Sin López Vázquez, España será menos tragicómica y, por lo tanto, menos auténtica.

← Anterior 01 ... 05 06 07 08 09 ... 53 Siguiente →