Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 16 días

Críticas: Ingeniosa «Paranormal Activity», solidísima «Celda 211» y desastrosa «El Baile de la Victoria»

Estupenda y postmoderna recuperación del terror de toda la vidaAcompañada de una campaña de marketing que dicen le ha permitido ser estrenada, «Paranormal Activity» es uno de los títulos de los que se viene hablando desde hace tiempo. Ejemplo de cine de terror cotidiano, la cinta es un ejercicio de estilo francamente brillante.

Como comentábamos hace más de dos años con el estreno de «Rec», los espectadores nos sabemos ya los trucos de las películas de terror (el golpe musical que asusta, los rincones que no deben transitarse, las acciones que nos conducen a la muerte, las características de los que mueren primero...).

La responsable es la famosa táctica de repetir clichés que los americanos han elevado a forma mágica y que nosotros, cual perro de Pavlov, hemos aprendido consiguiendo incluso predisponer al cuerpo para acoger el susto, que nunca o casi nunca nos pilla desprevenidos.

La única fórmula que nos permite perder esta seguridad memotécnica es plantarnos en un nuevo escenario. Lo hizo «El Proyecto de la Bruja de Blair» con su aroma a film rescatado, incluso la genial «Monstruoso» a nivel técnico, por no hablar de la magnífica película de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Lo que diferencia estas propuestas de «Paranormal Activity» y de ahí su efectividad es que el nivel de cotidianidad que nos propone es máximo. Nuestra cama, nuestra habitación, nuestra casa, con algo que todos hemos vivido (ese ruido fuera de lugar, ese objeto que está en otro sitio, esa paranoia que nos sugestiona a ver cosas raras....) y que nos da miedo.

Porque «Paranormal Activity» es una película que da miedo, que te hace zozobrar, porque te identificas más que nunca con los protagonistas al ser tan corrientes como tú. Y aún más, el director Oren Peli consigue espeluznarnos con una cámara de vídeo y dos protagonistas a través de un ejercicio de estilo finísimo, elegantísimo que desde la modernidad utiliza las claves del género, aquello llamado estilemas genéricos y que sirven para su significación y definición como estilo cinematográfico.

Es, pues, un maravilloso film sobre cómo purificar las esencias del género y usarlas para inquietar. Recuerdan aquello de la elipsis, del buen uso del sonido, de la gradación de la tensión, del giro sorpresa, de la expresividad de los rostros...Todo eso era fundamental en el buen cine terror que ha sido enterrado y que este film excelente recupera.

Cuando la vean, en algún instante, pasará por su mente algún rincón de su casa. Seguro.

Inmenso Tosar en un film rotundo

«Celda 211» es otra película rotunda, solidísima. No sólo por Luis Tosar, que carga de ética y dureza a su personaje, memorable Malamadre, sino por la sólida y seca dirección de Daniel Monzón, por ser un film genérico tan bien resuelto, tan bien hilvanado, tan respetuoso con la estirpe de la que forma parte y por atreverse a tocar teclas incómodas. Tras películas que me dejan francamente frío, Daniel Monzón ha acertado plenamente y ha hecho una película intensa, fuerte y con aroma a gran cineasta.

Por último, Fernando Trueba es uno de nuestros grandes creadores pero «El Baile de la Victoria» no está a su altura. Mezcla pirada de muchos géneros, excesivos, no consigue ni el fondo ni la forma, ni el tono que es lo más importante.

Mal, muy mal

Es un film desnaturalizado, que pasa de la pedante búsqueda de la imagen poética a la suciedad falsa de las vidas corrientes.

Un desatino absoluto, una pena.

Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 26 días

Estrenos de cine: «Luna Nueva» decepcionante y «Amelia», biopic que huele a azúcar

Dulzona como mínimo, ¿apostamos?«Luna Nueva», estrenada el miércoles es, sin duda, el gran estreno de la semana. Muchas expectativas y pocos logros para una continuación vulgar de la maravillosa «Crepúsculo».

Ni Robert Pattinson salva la función, destinada en exclusiva a las adolescentes cuyas hormonas dan más brincos que una pulga de la Pixar.

Una lástima porque la primera entrega era interesantísima incluso a nivel sociológico.

El segundo estreno de la semana me huele a azúcar, ese azúcar quemado que te deja la boca tan pastelosa como la de un gatillo. Quizá me equivoque pero «Amelia» tiene pinta de provocar caries a destajo. Hilary Swank interpreta a la aviadora y Richard Gere a su amor. No me genera ninguna garantía la presencia de Mira Nair tras las cámaras. Lo único que me apetece escuchar es la música de Gabriel Yared, que seguro que será preciosa. Por lo que he escuchado, a lo John Barry.

Al que le gusta explicar historias sobre parejas que se replantean su vida y dónde están es a Sam Mendes. «American Beauty» o «Camino a la perdición» o más claramente «Revolutionary Road» (una de las mejores películas del año) nos hablaban de relaciones que se autocuestionan. Tema también presente en «Un lugar dónde quedarse», su último film, pero en un tono menor y cómico, más relajado que sus habituales densas y enjundiosas películas.

Por último, también podremos ver esta semana a Russell Crowe en «Tenderness» o la curiosa «La Noche que dejó de llover».

Away We Go 7

Y, para acabar, mi antiguo compañero de clase Isaki Lacuesta (es cierto este dato) ha estrenado «Los Condenados», interesante aunque fallida cinta sobre las huellas que la lucha armada dejan en la vida. Ganó el premio FIPRESCI en San Sebastián pero no está a la altura de sus geniales documentales «Cravan vs Cravan» o «La Leyenda del Tiempo». Siendo honesto, no pude quitarme la sensación viendo la película de que Isaki se lía tratando de explicarnos su historia.

Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 27 días

Crítica: Vulgar y vacía «Luna Nueva»

Robert, yo también estoy desoladoHace prácticamente un año escribía, casi febrilmente, mis impresiones sobre «Crepúsculo» entusiasmado con una película extraordinaria que ofrecía una brillante reflexión sobre la desencantada juventud actual y sus pensamientos y miradas, una emocionante historia de amor barroca y pasional, de un romanticismo excepcional que encontraba su contrapunto perfecto en una narración moderna, heredera de la televisión y la MTV, fragmentada y dinámica que, acompañada por una música disonante y enrarecida, creaba una perfecta atmósfera de pérdida y dolor que servía como telón de fondo para la explosión del amor más intenso y peligroso.

Un año después y tras millones de espectadores, con sus actores en carpetas de jovencitos y jovencitas, sueldos multiplicados, imposiciones de productores, nervios de los distribuidores y toda la parafernalia del cine americano comercial cuando apuesta firme y no arriesga, queda muy poco de lo que nos maravilló de la primera.

«Luna Nueva» es uno de los ejemplos más palmarios de cómo los intereses comerciales tras un éxito de taquilla rotundo pueden destruir una historia con encanto.

Aquella película que llegó con aura de importancia pero que se ganó el respeto artístico de todos por su apuesta, por su singuralidad, por su atrevimiento formal y escrito ha sido terriblemente vulgarizada por un artefacto más del cine bolsillero más desalmado que sólo está pendiente de agradar a jovencitas fanáticas de Robert Pattinson o del musculoso jovencito hombre lobo.

Cine de carpetas de instituto en detrimento de un cine de riesgo que alcanzó su estado de gracia en su primera entrega y que, probablemente, no volveremos a encontrar.

Chris Weitz no se ha limitado a realizar un film anodino y vacío, sino que ha despojado a la saga de lo que impulsó a la primera parte: el resultar veraz en la explicación de las pulsiones juveniles, en tener un estilo personal, en ser convincente en la narración de un amor tan al límite.

Vacía y morosa, lenta y sin sustancia, dilatada y precipitada al mismo tiempo, «Luna Nueva» desdibuja una saga que se inició fascinante y que ha sido ultrajada por tan insigne ejemplo de cine corriente. Sin estilo ni riesgo, sin una apuesta artística firme, la historia se muere y cae en los terrenos que antes sorteaba gracias a su originalidad y valentía: los pantanosos territorios de lo queco y lo rancio.

Poco nos importa ese amor tras ver «Luna Nueva» y eso es lo peor que se puede decir de una historia.

Por Juan Pablo Beas, hace 4 meses y 1 día

Crítica: «2012» de Roland Emmerich

Parece que va a refrescarCuando ves por primera vez «Independence Day» te recorre una sensación de visionar algo fascistoide, irritantemente patriótico y profundamente estulto. Sensaciones exactas y correctas que se ven corregidas cuando te das cuenta, al repasar de nuevo algunos fragmentos, que lo que estás viendo en realidad es una comedia involuntaria.

Este nuevo género, el de la parodia fortuita, es obra de este inaugurador genérico llamado Roland Emmerich, realizador (¿podríamos decir que es un director?) de las películas más desvergonzadas e idiotas que el cine americano comercial nos ha deparado en los últimos tiempos.

Si la mala fama del cine americano palomitero tiene un nombre, este alemán, que parece sufrir un problema con los tamaños, es uno de sus principales preconizadores.

«Independence Day» no rozaba el ridículo, lo hacía, con un presidente pilotando la nave que aniquila a los marcianos y con un Will Smith con puro en boca que encarnaba una sucinta apología del mal gusto hablado.

«Godzilla», donde su problemas con los tamaños se hacían evidentes en el eslogan promocional de la cinta («el tamaño sí importa»), era otro compendio de machacona grandilocuencia sin misterio ni interés, aunque evitaba, siendo aburridísima, instantes vergonzantes.

No hablo de «Stargate», por poco apetecible, ni de «10.000 BC» que era directamente un suplicio y nos centraremos, tampoco demasiado, en «2012», la última barbaridad de Emmerich, un film de dos hora y media de duración con catástrofes mayúsculas (¿puede existir alguna mayor que el fin del mundo?) y todo un ramillete de situaciones perversamente pensadas por el director para hacerte sentir vergüenza ajena.

En mucho tiempo no veíamos una película tan profundamente idiota como ésta, y lo es tanto que hace gracia. Unas buenas carcajadas te salen del cuerpo al ver al caniche funambulista, o el doblaje del ruso necio, o al comprobar que mueren los adúlteros, las segundas parejas, los avariciosos y los presidente abnegados. Como te destornillas en las supuestas escenas trascendentes, cuando el mandamás se incorpora lentamente y se dirige con solemnidad al mundo o cuando un avión pasa entre dos edificios justito, muy justito.

Se muestra uno tan suelto viendo estos dislates que acaba entreteniéndose tratando de ver a Zapatero, o comparando al Berlusconi devoto de la función con el casquivano de la realidad, o esperando que se nombre al país de uno.

En definitiva, no puede haber más derroche de efectos visuales, de escenarios, de actores, de tramas y, principalmente, de esa forma de hacer mal cine de Emmerich que está tan despreocupada de lo imbécil que resulta que empieza a tener hasta encanto, el encanto del nuevo género que ha creado: las películas de catástrofes que son catastróficas.

Por Juan Pablo Beas, hace 4 meses y 12 días

Estrenos de la semana: Atractivas «Celda 211» y «The Box»

El tipo da bastante miedoSemana caliente con dos películas que ardo en deseos de ver. Por una parte, Daniel Monzón, otrora crítico, nos trae el drama carcelario «Celda 211» con un Luis Tosar, dicen, en estado de gracia.

La película está escrita por el director junto al habitual de Alex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría, y ha cosechado inmuerables buenas críticas tanto en Venecia como en el Festival de Sitges. Lo cierto es que tiene una pinta estupenda. Por cierto, hablando de temas carcelarios no se pierdan cuando se estrene la magnífica película de Jacques Audiard, «Un prophète», también ambientada entre rejas.

Richard Kelly conmocionó al mundo con «Donnie Darko», película fascinada y extraña, que adquirió rápidamente el status de film de culto. Desde entonces, su carrera ha sufrido algún varapalo considerable teniendo en cuenta las expectativas que levantó tan estupendo debú.

«The Box» es su última película y no puede tener una premisa mejor. Basada en un cuento corto de Richard Matheson, «The Box» nos propone un dilema moral de primer calado. ¿Aceptaríamos apretar un botón si al hacerlo recibieramos un millón de dólares y causáramos la muerte de alguien desconocido?

Box Firstlook Marsden Diaz

La duda está en si al alargar la trama, la idea se mantiene o se pierde. Muchas ganas también de verla.

También llega a nuestras pantallas hoy una comedia de Nora Ephron, blandita como ella sola, titulada «Julie y Julia» sobre dos mujeres, Meryl Streep y Amy Adams, una cocinera y otra en crisis que elabora las recetas de la primera.

Dos propuestas más: «Pandorum» film de ciencia-ficción dirigido por Christian Alvart que esperemos que le salga mejor que su anterior, y deficiente, «Expediente 39» que era para echarse unas risas; y «Hachiko» un film de Richard Gere con perrete incluído.

Para acabar, dos títulos catalanes. Ventura Pons vuelve a intentarlo con «A la deriva» donde lo mejor volverá a ser la música de Carles Cases (me apuesto algo) y Jesús Garay nos presenta «Eloïse».

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