Por Juan Pablo Beas, hace 1 mes y 26 días

Adiós a Rohmer, el más discreto y honesto de la Nouvelle Vague

Una de sus obras maestrasEntre los creadores surgidos de «Cahiers du Cinema» que dieron la vuelta al cine francés, primero, y a la concepción artística del medio cinematográfico como forma de expresión, después, existen en mi modesta opinión algunos cuyo talento revolucionario se transformó, con los años, en pura impostura o en un vivir de rentas que los románticos bohemios perpetuaron hasta nuestros días.

Dejando a un lado a Truffaut, más amante del cine americano que del francés pese a su clara pulsión autoral,  y el maestro Chabrol, perturbador de la burguesía bienestante a base de crímenes fascinantes, Eric Rohmer es quien me merece mayor respeto y admiración. Evidentemente, tanto Godard como Rivette son fundamentales en el entendimiento del cine de los años 60 y 70 pero no han dejado en mi la huella del creador que nos dejó hace unos días.

Rohmer es la voz menos chillona del revolcón artístico que la Nouvelle Vague dio al cine y al mismo tiempo quizá el mejor ejemplo de su fidelidad a los valores que la pusieron en marcha.

Con su muerte, el cine francés pierde un referente de exquisita factura, humanidad, diálogos largos y sinceros, interés en las entrañas del espíritu humano, de saber meterse sin gritos en la verdad de la condición humana.

Sus cuentos morales, cargados de inteligencia y sabiduría, quedarán en nuestra memoria para siempre.

Au revoir, Monsieur Rohmer et merci pour votre sensible et intelligent cinema.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 meses y 11 días

Mis mejores del 2009: Intimismo y espectacularidad

La escena de la cocina, la mejor del añoComo cada año, trato de explicaros, en pocas palabras, las que han sido en mi opinión las mejores películas de los últimos doce meses.

En esta selección quizá falten algunas (por no haberlas visto todas) o algunas de las están resulten discutibles pero, evidentemente, mi subjetividad es la que me invita a ponerlas en la lista.

En definitiva, estas son mis preferidas del 2009:

1. «Revolutionary Road» de Sam Mendes. El mejor film del año por su intensidad, su enorme carga psicológica y dramática, sus dos soberbias interpretaciones y por ser uno de los textos mejor escritos y llevados a la pantalla del año. La novela de Peter Yates, como su transmutación fílmica, son memorables y su historia tan dura e inteligente como un puñetazo en plena conciencia. Imprescindible.

Emocionante historia2. «Ágora» de Alejandro Amenábar. Me entusiasmó el film, el primero que me convence del director español, hasta el punto de hacerme sufrir, temblar y emocionarme con una historia de libertad, de tolerancia, de primar la inteligencia y el diálogo frente a la ignominia y la xenofobia. Rodada con primor por Amenábar, un film aleccionador y valiente.

A ver quién se atreve ante el maestro3. «Gran Torino» de Clint Eastwood. Otra más. Otra película perfecta del maestro. Un especie de versión urbana de «Sin Perdón» rodada con la serenidad de aquellos que están en otra galaxia cinematográfica. Una delicia de humor, dolor y emoción.

Brillante4. «The Reader» de Stephen Daldry. Quizá la película cuya trama sea más interesante del año, con permiso de las anteriores. Su historia no puede resultar más atrayente y fascinante, llevada a pantalla con la clase habitual de Daldry y el magnetismo de Ralph Fiennes y Kate Winslet. Un film repleto de preguntas, interrogaciones y reflexiones íntimas.
 

Pequeñita pero valiosa5. «Gigante» de Adrián Biniez. Pequeña pero hermosa película uruguaya, aromatizada con el estilo Kiarosmaki y tan mínima, tan sencilla que deviene ejemplo de un cine que no necesita grandes dramaturgias para resultar creíble, convincente, humano y encantador.

Estupenda6. «Gordos» de Daniel Sánchez Arévalo. Una de las películas españolas más atrevidas y originales de los últimos años. Un fascinante recorrido por un grupo de personajes que se esconden de la vida detrás de sus kilos de más. Un film magnífico, brillante y con ideas excelentes que demuestran que Sánchez Arévalo es uno de nuestros directores más singulares.

Trepidante7. «Star Trek» de J.J. Abrams. El espectáculo americano en estado puro. Una revisitación de la mítica saga de la que saca chispas el director por su talento, su sentido del entretenimiento y su elaborado y respetuoso guión. Una gozada de película de acción.

 Para desternillarse de risa
8. «Arrástrame al infierno» de Sam Raimi. Conforme han ido avanzando los meses más cariño he ido sintiendo por esta película de serie B tan genial y tan divertida, tan desprejuiciada y con tanto saber fílmico en sus entrañas. Una diversión despreocupada pero impecable.

Genial9. «Malditos Bastardos» de Quentin Tarantino. La primera escena de la película, con la llegada de Christopher Waltz (próximo Oscar al mejor actor de reparto) a la aldea francesa, es directamente magistral, una de las mejores vistas por uno, a nivel narrativo, de los últimos años. El resto es un dislate estupendo, con tanto gran cine dentro que uno no se da ni cuenta.
Espectacular10. «Watchmen» de Zack Snyder. Se habló tanto de esta película que decepcionó a muchos aunque debieron olvidarse de que el director es un auténtico genio de la imagen. El film es una obra del cine de nuestro tiempo y posee una visualidad esplendorosa.

Para acabar también me gustaría mencionar la importancia social de «Mi nombre es Harvey Milk», las lágrimas de risa que me provocó «Pagafantas», la emoción de «Up», la espectacularidad de «Avatar» y la singular extrañeza de «The Box».

El 2010 a ver que nos depara.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 meses y 18 días

Crítica: Apabullante «Avatar» pero también conmovedora

Bonita y abrumadoraEl cine es un medio expresivo y artístico en el que su esencia se basa en la explicación de una historia con imágenes.

Por otra parte, como muy bien señalan los profesores Xavier Pérez y Jordi Balló en el imprescindible libro «La Semilla Inmortal», el cine como narrador recurre, en la mayoría de ocasiones, a los argumentos universales creados por la literatura o la oralidad u otras artes.

En definitiva, que se acaba siempre recurriendo a los patrones o cajones estanco que rellenamos con novedades pero que forman parte de una estructura ya creada o sabida.

Con estos dos argumentos iniciales, el cine como expresión visual y como continente de argumentos perpetuos, trato de aclarar mi posición acerca de lo que muchos han dicho de «Avatar»: que es sólo técnica y que es muy simple argumentalmente hablando. 

En el primer extremo, elevar una discusión sobre la «artisticidad» de la película es poco menos que vacuo. Existe arte en la interpretación o en la dirección o en la dirección de fotografia o en la música y, además, la técnica es la forma en la que lo artístico se manifiesta. ¿O los trazos impresionistas no son una técnica? Cuando el 3-D se usa como lo hace Cameron, con fines claramente narrativos es una técnica tan defendible y válida como cualquier otra. El problema es que esta técnica, hasta este film, no era más que una bola que se dirige al espectador (efectismo que Cameron evita continua y conscientemente) o un romo documental sobre cualquier ciudad o animal marino.

En este ámbito, «Avatar» es apabullante, electrizante, espectacular, única, asombrosa.... y muchas cosas más. La película te incluye en sus tierras y te hace sentir con absoluta naturalidad tu presencia en las mismas. Los avatares parecen tan reales como tus gafas o como la persona que se sienta a tu lado y los colores, texturas y dimensiones del mundo de Pandora pareces paladearlos, sentirlos íntimamente.

A nivel visual y como espectáculo sensorial, «Avatar» es insuperable, un salto en la forma de filmar cine que se impondrá, y lo veremos, dentro de muy poco. De hecho, su primer gran paso es esta película.

Y apostillar una cosa más en esta primera parte. La dirección de James Cameron es prodigiosa, dinámica, rítmica, apabullante y delicada cuando pertoca. Y eso es una labor artística, como preciosa suena la partitura de James Horner o creíbles se muestran las interpretaciones de Zoe Saldanha o Sam Wortinghton.

Sobre el segundo extremo, «Avatar» explica una historia ciertamente sencilla. Se le puede reprochar, seguro, que lo hemos visto antes. Su estructura es de las de toda la vida, basada en la figura del infiltrado que acaba sucumbiendo a la belleza de lo que espía y toma partido para acabar liderando su victoria y ocasionando la derrota de los que le enviaron a tan engañosa labor.

Los que se ensañen en este aspecto tienen las de ganar. No es ni especialmente original, ni especialmente arriesgada. De hecho, da la sensación que Cameron no se la ha querido jugar y que su apuesta se mostraría más firme sobre una estructura argumental que no fallaría.

Pero también es justo considerar que la película, pese a su simpleza argumental, es efectiva y muy solvente. «Avatar» es una película con grandes tramos conmovedores, bonitos, hermosos incluso, que no cae en el kitsch o en lo ñoño (aunque parezca que lo roza) y que se muestra muy valiente en resultar un tanto blanda, naif diría, con un mensaje ecologista que puede resultar primario pero que es bello.

No excitó quizá mi cabeza como otros films pero sí mi emoción. Y, a veces, en las explicaciones sencillas están las emociones más puras.

En definitiva, pueden las neuronas agresivas atacar ese mundo de Pandora, quizá con la misma instransigencia que el ejército americano en la película, exigiendo enjundia (hablo de esa parte de la crítica que se refocila con prejuicios preestablecidos o posicionamientos rancios) pero se olvidarán de que el cine también es dejarse llevar por la emoción de un vuelo, la ardiente defensa de un mundo perdido o las miradas de una criatura fantástica que ve su universo arruinado o su vida envuelta en un amor interracial.

Cuando se entra en Pandora hay que dejar los pensamientos analíticos y dejarse envolver por su riqueza visual y por la experiencia sensorial que James Cameron nos propone y que nos conecta a su historia como nuestro protagonista a su animal de vuelo.

«Avatar» es increíble visualmente pero también es conmovedora.

Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 7 días

Estrenos de la semana: «Spanish Movie» que arrasará con todo y la última belleza de Carlos Sorín

Para echar unas risasYa está en los cines la película, con permiso de «Luna Nueva», que va a arrasar en la taquilla nacional en las próximas semanas. Y es española.

«Spanish Movie» una spoof movie que parodia lo más reciente y reconocible de nuestro cine («El Orfanato», «El Laberinto del Fauno», «Mar Adentro»...) llega con ganas de arrasar con todo, cosa que seguramente va a lograr. 

Me parece bien que el cine español haga broma de sí mismo y sea poderoso en taquilla. Es bueno que haya de todo. Además, ardo en deseos de ver al genial Joaquín Reyes y al mítico Leslie Nielsen.

También se estrena hoy la nueva película de un director que me conmovió en «Historias Mínimas» y me emoció en «Bombon el perro». Se trata de Carlos Sorín, un autor argentino emotivo que refleja historias sencillas repletas de verdades sobre la vida y de poesía cotidiana. Se titula «La Ventana» y  promete mucho.

Del resto de estrenos destacan las interesantes propuestas de «Garbo: El Espía» de Edmon Roch y «Las dos vidas de Andrés Rabadán» de Ventura Durall así como dos títulos que vienen precedidos de buenas críticas, la cinta de animación «Lluvia de Albóndigas» y la trama política «In the Loop».

¡Y yo a dieta!

Y para acabar, dos películas americanas que parecen bastante tontas, «Dos Canguros muy Maduros» y «Hermandad de Sangre».

En definitiva, una semana donde «Spanish Movie» va a llevarse el gato al agua.

Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 9 días

Críticas: Ingeniosa «Paranormal Activity», solidísima «Celda 211» y desastrosa «El Baile de la Victoria»

Estupenda y postmoderna recuperación del terror de toda la vidaAcompañada de una campaña de marketing que dicen le ha permitido ser estrenada, «Paranormal Activity» es uno de los títulos de los que se viene hablando desde hace tiempo. Ejemplo de cine de terror cotidiano, la cinta es un ejercicio de estilo francamente brillante.

Como comentábamos hace más de dos años con el estreno de «Rec», los espectadores nos sabemos ya los trucos de las películas de terror (el golpe musical que asusta, los rincones que no deben transitarse, las acciones que nos conducen a la muerte, las características de los que mueren primero...).

La responsable es la famosa táctica de repetir clichés que los americanos han elevado a forma mágica y que nosotros, cual perro de Pavlov, hemos aprendido consiguiendo incluso predisponer al cuerpo para acoger el susto, que nunca o casi nunca nos pilla desprevenidos.

La única fórmula que nos permite perder esta seguridad memotécnica es plantarnos en un nuevo escenario. Lo hizo «El Proyecto de la Bruja de Blair» con su aroma a film rescatado, incluso la genial «Monstruoso» a nivel técnico, por no hablar de la magnífica película de Jaume Balagueró y Paco Plaza.

Lo que diferencia estas propuestas de «Paranormal Activity» y de ahí su efectividad es que el nivel de cotidianidad que nos propone es máximo. Nuestra cama, nuestra habitación, nuestra casa, con algo que todos hemos vivido (ese ruido fuera de lugar, ese objeto que está en otro sitio, esa paranoia que nos sugestiona a ver cosas raras....) y que nos da miedo.

Porque «Paranormal Activity» es una película que da miedo, que te hace zozobrar, porque te identificas más que nunca con los protagonistas al ser tan corrientes como tú. Y aún más, el director Oren Peli consigue espeluznarnos con una cámara de vídeo y dos protagonistas a través de un ejercicio de estilo finísimo, elegantísimo que desde la modernidad utiliza las claves del género, aquello llamado estilemas genéricos y que sirven para su significación y definición como estilo cinematográfico.

Es, pues, un maravilloso film sobre cómo purificar las esencias del género y usarlas para inquietar. Recuerdan aquello de la elipsis, del buen uso del sonido, de la gradación de la tensión, del giro sorpresa, de la expresividad de los rostros...Todo eso era fundamental en el buen cine terror que ha sido enterrado y que este film excelente recupera.

Cuando la vean, en algún instante, pasará por su mente algún rincón de su casa. Seguro.

Inmenso Tosar en un film rotundo

«Celda 211» es otra película rotunda, solidísima. No sólo por Luis Tosar, que carga de ética y dureza a su personaje, memorable Malamadre, sino por la sólida y seca dirección de Daniel Monzón, por ser un film genérico tan bien resuelto, tan bien hilvanado, tan respetuoso con la estirpe de la que forma parte y por atreverse a tocar teclas incómodas. Tras películas que me dejan francamente frío, Daniel Monzón ha acertado plenamente y ha hecho una película intensa, fuerte y con aroma a gran cineasta.

Por último, Fernando Trueba es uno de nuestros grandes creadores pero «El Baile de la Victoria» no está a su altura. Mezcla pirada de muchos géneros, excesivos, no consigue ni el fondo ni la forma, ni el tono que es lo más importante.

Mal, muy mal

Es un film desnaturalizado, que pasa de la pedante búsqueda de la imagen poética a la suciedad falsa de las vidas corrientes.

Un desatino absoluto, una pena.

← Anterior 01 02 03 04 05 ... 50 Siguiente →