Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 8 meses

Críticas: La «Alicia» de Burton no maravilla y Pattinson y su cara de existencialismo de bolsillo

AliciaEl universo de Tim Burton y de Lewis Carroll confluyen en muchos aspectos: en ese gusto por los personajes marginales y extremos, en hacer navegar a seres perdidos por universos oníricos sobrecargados de claroscuros, en inventar e imaginar con extrema y original creatividad, en arriesgar narrativamente.

Por ello, que el director fuera el encargado de adaptar «Alicia en el País de las Maravillas» para la Disney no podía ser un pastel más apetecible y sustancioso.

Pero entre Burton y Carroll había muchos peldaños por subir y en alguno de ellos se ha quedado la maravilla que todos deseábamos y que no vemos en esta película que, pese a ser visualmente extraña y atrayente, flaquea por un guión muy blandito de Linda Wolverton, más preocupada por resultar lineal y seguible que por innovar y dar al encendido creador una ruta de viaje a la altura de sus extravagantes gustos.

Como hiciera Steven Spielberg con «Hook», el guión sitúa a una Alicia de 20 años que vuelve al país de las maravillas sin recordar nada. Un punto de partida interesante que, tras un prólogo alentador, cae en picado al mostrarse la guionista incapaz de atreverse o de vehicular una historia más atractiva, hasta el punto de escribir soluciones discursivas bastante chapuceras (las acciones que suceden dentro del castillo son un auténtico despropósito).

Pese a ello, la película tiene un visionado relativamente agradable si nos entretenemos en esos pequeños detalles del universo Burton: en la deformidad de la Reina Roja, en los ojos desorbitados del Sombrerero Loco, en la delicada ingenuidad de Alicia, en la liebre dislocada, en las estupendas intervenciones del gato vaporoso o en las lámparas-mono que resultan desternillantes.

Decepcionante, para que engañarnos, pero con escenas visualmente geniales.

«Recuérdame» o  Robert Pattinson no cambia la cara

¡No soporto esta vida si no fuera por ti y por mi cara tan hermosa!Me encantó Robert Pattinson cuando vi «Crepúsculo» tanto como el film, del que me confieso admirador. Otra cosa es la segunda parte «Eclipse» que me parece infame. 

En «Recuérdame» el actor lastra una historia atractiva con la misma cara de «esta-vida-no-me-importa-un-rábano-y-la-sobrellevo-gracias-a-mi cinismo-y-lo-guapo-que-soy» durante todo el metraje.

La verdad es que la dirección tan afectada y tan lánguida tampoco beneficia al film pese a que consigue destellar retazos brillantes cuando deja los gestitos y se mete en las tripas de sus personajes. El final gustará o no pero impacta y eso es bueno.

En un abril poco provechoso, tan sólo destacar la curiosa película iraní «Nadie sabe de gatos persas» que nos muestra un cine de ese país reivindicativo, moderno y urbano. Toda una novedad.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 9 meses

Mis pequeñas joyas musicales II: «It's my party» de Basil Poledouris

Cierren los ojos y escuchen ese temaSegunda entrega de mis pequeñas obras favoritas. Estoy obviando, de momento, títulos muy conocidos y por todos admirados, para ofreceros algunas partituras menos conocidas que me han gustado especialmente.

Basil Poledouris ha sido uno de los grandes nombres de la música sinfónica de los años 80 y 90. Autor de rotundas obras maestras como «Conan», «El Lago Azul» o «Starship Troopers», músico espectacular y de inmensidad instrumental, también ofrecía destellos líricos protagonizados por hermosas melodías.

«It's my party» (1996) es una película que pasó desapercibida ya que era francamente floja. Explica una fiesta que da un hombre enfermo de Sida a sus amigos.

Cuando Poledouris entregó al director Randall Kleiser una muestra de la partitura, el director quedó alucinado. Se trataba de una muestra de los temas interpretados con el piano, unos temas a los que había que añadir la instrumentación.

El director se emocionó tanto que pidió a Poledouris que no los instrumentara y que los mantuviera a piano. La elección no pudo ser mejor.

La música es absolutamente preciosa al mostrarse desnuda, sin artificio, limpia. Una partitura de prestigio para su compositor.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 9 meses

Críticas: Audiard deslumbra, Greengrass aburre, Sheridan no sabe qué hacer con «Brothers, Titanes machotes y dragones con encanto

MagníficaRepasemos lo más florido de la cartelera cinematográfica de estas últimas semanas. Un repaso que incluye un gran película, «Un Profeta», la gris «Green Zone», la flojísima «Brothers», la deplorable «Furia de Titanes» y un film de animación encantador «Cómo entrenar a tu dragón». Vamos con ellas.

«Un profeta» o el nuevo thriller carcelario de autor

Jacques Audiard consigue que «Un profeta» ocupe un puesto de honor en el mejor cine carcelario. Rodada con nervio y verdad, Audiard nos muestra las entrañas del mundo de las prisiones a través de un personaje que entra por algo nimio y sale como un auténtico profesional de la delicuencia.

El film es asombrosamente espeluznante, terrible, tremebundo y extraordinariamente bueno. Cine con entrañas, lección de cine, con vísceras, que te hace sentir con ojos autorales lo podrido que está el mundo que se vive en las cárceles francesas.

Un film dramático y punzante que, además, se resuelve como el mejor thriller clásico. Una maravilla.

Sheridan naufraga con «Brothers» y Greengrass aburre con «Green Zone»

Mal, muy malLa danesa Susanne Bier dirigió en 2004 «Brodre», un film seco como un trago de whisky y crudo, profundamente crudo, sobre dos hermanos enfrentados por una mujer. El primero es dado por muerto en la guerra y el segundo se acaba enamorando de la aparente viuda.

El remake de Jim Sheridan, «Brothers» es un ejercicio de no saber qué hacer con un buen material. El problema es que en América todo se dulcifica y quedarse a medias con esta historia es tirarla a la basura.

El film danés era tremendo en la visceralidad de las relaciones familiares (habitual en ese tipo de cine) y el americano un intento de explicar algo fuerte sin que nadie se haga daño. Erróneo casting (los chicos deberían intercambiar sus papeles), mala dirección, romísima, y la sensación de que no te está explicando nada.

Regulín, regulínPaul Greengrass es, quizá, el mejor director de acción actual, con su típica cámara al hombro siguiendo a Matt Damon. Es brillante el inglés (buenos ejemplos son la soberbia «Bloody Sunday» o «United 93»)pero en «Green Zone» no consigue quitarte la sensación de estar viendo otra película sobre Bourne. Si le añades que el misterio ya conoces como se resuelve, el camino que te marca es el del aburrimiento. Eficaz sí pero con «dejà vu».

Penosa «Furia de Titanes»

Para matarlos a todosPelícula que huele a sobaco de machos en acción, «Furia de Titanes» es una actualización al 3-D y a la supuesta falta de inteligencia del público comercial, de un clásico entrañable. Resulta desalentador comprobar cómo el cine actual no es capaz de mejorar, teniendo la técnica a su favor, películas que se hacían con más artesanía que medios en décadas anteriores.

El film, dirigido por Louis Leterrier, es una vulgarización de la historia hasta convertirla en un film con tres escenas mal explicadas, personajes insípidos, diálogos sonrojantes y regusto a film de chulos en faldas. Lamentable, muy lamentable.

«Cómo entrenar a tu dragón» o una sorpresa encantadora

Preciosa y espectacularY, para acabar, un apunte rápido. «Cómo entrenar a tu dragón» no sólo está bien animada, sino que es un film con encanto, con ternura y con buenos logros que consiguen refrescar una historia clásica con buenos diálogos y un personaje principal estupendo. Bonita, incluso, en su mensaje.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 10 meses

100 años del nacimiento del maestro Kurosawa

Un genioHace unos días veía junto a un brillante y buen amigo, experto en todo lo que concierne a Japón, una película de samurais. 

En «The Hidden Blade», una obra con cadencia de sabio hilvanada por Yoji Yamada, se habla de la decadencia de esta estirpe de honor que protagoniza gran parte del Japón cinematográfico.

Ineludiblemente, en el transcurso de la conversación, surgió el nombre de Akira Kurosawa, el más grande creador del arte cinematográfico nipón. Hoy se cumplen 100 años de su nacimiento.

Heredero del gran legado de Ozu o Naruse, su cine buscó la épica del samurai, la explicación de su código de honor y su conducta, magnificando en batallas y enfrentamientos la imagen de un Japón legendario, donde tradición y orgullo se daban la mano. Sin olvidar, está claro, el escarbar en la verdad íntima de esos hombres.

Maestro del montaje, Kurosawa hacía gala de una maestría narrativa que no ha sido igualada. Su extrema elegancia se alineaba con la crudeza y la virtuosidad en la explicación de las grandes confrontaciones épicas pero también resultaba delicado y preciso en terrenos más íntimos.

Fue el responsable de que el cine japonés fuera conocido fuera de su país por los años 50, ganó dos Oscars y tuvo una gran influencia en el cine americano, que versionó muchas de sus obras.

Títulos como «Los siete Samuráis», «Dersu Uzala», «Los Sueños de Akira Kurosawa», «Rashomon» o «Ran» se han convertido en obras fundamentales del séptimo arte.

Maestro Kurosawa, gracias.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 10 meses

Mis pequeñas joyas musicales I: «Nobody's Fool» de Howard Shore

Calidez humanaSiendo la música de cine una de mis viejas pasiones, resulta curioso el poco espacio que le he dedicado en este blog, que recorro desde hace dos años.

Y viendo, no lo negaré, lo que se hace, con atino y buen gusto, en otros blogs más importantes (www.blogdecine.com), me han entrado ganas de dedicar pequeñas reseñas a aquellas bandas sonoras que me han dejado huella a lo largo de mi vida.

No voy a hacer grandes disertaciones sobre sus características, simplemente poneros el tema que me encanta de su partitura original. Habrá bandas sonoras conocidas y otras menos y algunas de las cuales solo destacan por su tema central.

En todo caso, voy a poneros pequeñas joyas musicales que me han emocionado a lo largo de estos años. Empezamos.

Adoro el tema central de «Nobody's Fool» de Howard Shore. Una película pequeña de Robert Benton con un genial Paul Newman del año 1994. La música no puede ser más entrañable, más acogedora y más íntima. Una curiosidad en la trayectoria de Shore que, por entonces, era un músico puramente atmosférico, un maestro malsano, por decirlo de alguna forma.

Una partitura lírica, ejemplo palmario de calidez musical y de humanidad. Un tema central maravilloso.

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