Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 5 meses

«Origen»: La brillante y fascinante sobreactuación autoral de Christopher Nolan

Cada uno al trozo de pared que le correspondeEn un film con innumerables capas, voluntariamente dispuestas para fascinar al espectador, no se puede ejercer una reflexión mínimamente acurada si no lo hacemos, precisamente, por partes. Porque «Origen» contiene tanta salsa sobre su carne que puede resultarte una quimérica (y apasionante) labor tratar de analizar todos sus sabores como, al mismo tiempo, empachosa su preparada densidad.

Pero, como he dicho, vayamos por partes.

Nivel Escrito:
Resulta innegable que «Origen» es un film brillante, fascinado y laberíntico, que te pega a la butaca y te obliga a estar atentísimo a todo cuanto sucede. A nivel escrito, la película es originalísima, no sólo en los niveles y subniveles que plantea sino en la concepción casi matemática de los sueños, de los que toma como base las leyes de Freud de proyección del yo pero, al mismo tiempo, realizando casi una cartografía de ellos más cercana a la técnica científica y no de los reflejos emotivos.

Los diversos giros y la gradación de la información de cara al espectador es perfecta, te da lo suficiente para no perderte y te interroga sobre lo demás para que sigas indagando y ansiando controlar el resto de lo que te quiere explicar.

A nivel guionístico, la conjunción de cine de atracos, de acción, con profundad psicológica e historia de amor está, como siempre en el creador, perfectamente hilvanados y el conjunto es francamente admirable.

Toda una arquitectura narrativa digna de encomio, con ideas geniales como el propio limbo, la culpabilidad ante la inculcación de un concepto que precipita la tragedia personal....

Nivel Visual:
«
Origen» no puede ser más compleja a nivel visual. Es un trabajo no solo laborioso sino propio de un personaje superdotado para la narración.

No se conforma con una línea narrativa, sino que Nolan es capaz de manejar cuatro o cinco estadios explicativos sin problemas aparentes, resultando brillante en todos.

Que cada nivel de sueño tenga una temporalidad distinta es un concepto que a nivel de planificación visual está tratado con absoluta maestría: la cámara lenta del nivel más rápido, el tiempo flotante en el segundo, la rapidez del tercero y la especie de congelación etérea del limbo final.

En definitiva, Christopher Nolan ofrece una nueva lección de lenguaje cinematográfico en un film que aúna espectáculo y profundidad, taquilla y autor.

Nivel Emocional
Por mucho que nos empeñemos en soslayar el apartado emotivo ante el torrente fílmico que nos ofrece Nolan, creo honesto considerar que la película no consigue engancharse a la vena sensible del espectador.

En definitiva, y siendo mucho más claro, la desesperación del personaje de Di Caprio no llega a la platea y no lo hace no por el actor, que está moderado y acertado, sino por la propia obstinación de Nolan por la frialdad expositiva de la que hace gala, refinada sí pero gélida.

Además, siendo tanto el nivel escrito como visual buenísimos, el exceso de escenas de acción y tiros pueden desnortar al espectador en su intento de sentir íntimamente la historia.

Nivel Autoral
Va a resultar paradójico lo que voy a expresar pero así lo pienso: Christopher Nolan es lo mejor y lo peor de la película.

Con ello quiero decir que todos los grandes logros de un film, en general, brillante es fruto de su maestría dirigiendo y su personalidad escribiendo el guión. Pero al mismo tiempo, Nolan transmite continuamente una sensación de estar sobreactuando a nivel autoral para resultar siempre transcendente, siempre intelectual, sin conseguir que su film descanse, nunca da aire al espectador, para epatar durante las dos horas y medias de metraje.

En definitiva, Nolan parece estar, y perdónese la expresión pero es lo forma de ser gráfico, «sacando pecho» o «marcando paquete» durante todo el film. Antes hablábamos de su habilidad para narrar a cuatro niveles sin problemas. Pues, toda esta parafernalia visual parece llevar la etiqueta de «vean queridos y esforzados espectadores, soy tan bueno que puedo con todo».

En resumen, Nolan es muy bueno, buenísimo, pero en muchos instantes parece más preocupado en eso que en su propia película que se muestra, en muchos momentos, demasiado artificial y demasiado grave, demasiado pagada de sí misma.

Conclusión
«
Origen» es un film original y brillante, que fascina y que ofrece un entretenimiento inteligente aunque, en muchos tramos, huela a tour de force de un autor preocupado en parecerlo y que acumula y acumula líneas y mensajes indescifrables, algunos apasionantes y otros un tanto fanfarrones, para dejar al espectador extasiado con un espectáculo tan bien creado como, y lo siento por mis colegas, excesivamente vanidoso.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 5 meses

«Airbender»: Shyamalan, el respeto y el niño bailaor

Algunos sitios de internet proponen que zaherir a Shyamalan se convierta en un ejercicio de formación del crítico cinematográficoExisten juegos tradicionales o divertimentos cinéfilos consistentes en avalar continuamente el trabajo de unos y denostar abiertamente el de otros. Como todo en la vida, hay tótems indestructibles y tipejos fácilmente hundibles.

Uno de los que pertenecían a la primera y han pasado a la segunda categoria es M. Night Shyamalan, quien sorprendió a todos con «El Sexto Sentido», hábil ejercicio de suspense aliñado con sorprendente giro final (giro que inició casi un subgénero que duró bastantes películas), y que hoy es el blanco perfecto de aquellos que no quieren esforzarse mucho o de los que disfrutan con la lapidación sistemática de un creador.

Lo que me disgusta soberanamente de reseñar «Airbender. El Último Guerrero» es tener que alinearme con aquellos que han hecho deporte del comentario del cine de Shyamalan. Porque el film es irremediablemente desastroso, un compendio de situaciones deshabridas y retratadas sin gracia y con momentos sonrojantes.

Pero vayamos por partes. El cine de Shyamalan es para mi como los amores no correspondidos al cien por cien, a veces es febril mi pasión y otras frías mis reacciones. Me entretuvo y gustó «El Sexto Sentido», me irritó la proclama religiosa de «Señales», me entusiasmó «El Protegido» (su mejor film), me aburrió y me pareció reaccionaria »El Bosque», me maravilló «La Joven del Agua» y me dejó medio frío y medio calentón «El incidente», tan atrevida y tan inaprehensible.

Su cine será discutible, como todos, pero merece respeto y eso creo que el «status-quo» cinematográfico se lo ha perdido al hindú. Shyamalan tiene, además, mucho talento visual y eso es innegable.

La resolución final de «El Sexto Sentido», la escena de la linterna de «Señales», la secuencia de Central Station de «El Protegido», algunos sustos de «El Bosque», las muertes en cadena del inicio de «El Incidente» o la aparación de la sirena de «La Joven del Agua» son momentos de una brillantez visual y creación de atmósferas que muchos querrían y que deberían otorgar al creador un status mucho más cómodo del que muchos mediocres y otros poco respetuosos le niegan a un tipo que, seamos claros, dirige bien aunque se equivoque.

Por ello, no comparto el gusto por atacar al director y no tanto a sus películas. Evidentemente, si vemos mi resumen crítico, tan sólo serían tres películas las que me entusiasman del autor pero me repatea la facilidad con la que hieren a un buen director de cine.

Esta reflexión no es óbice para considerar que «Airbender» sea una película desnortada y vergonzante, interpretada por jóvenes actores imberbes en la interpretación, en un film innecesario e impropio de Shyamalan. Resulta curioso que teniendo como partida la realidad, «La Joven del Agua» desprenda más pasión, más magia y más magnetismo que esta historia que parecía más adecuada desde su punto de partida.

Shyamalan crea oro cuando de la realidad cotidiana extrae aquello extraordinario, brilla cuando de la suciedad surge la belleza, cuando piensa en otro mundo para alejarse del primero. El cine de Shyamalan es hermoso cuando vemos a un superhéroe vestirse con un chubasquero o cuando una joven sirena molesta la tranquila y dormida existencia de un grupo de vecinos.

En definitiva, el hindú tiene sensibilidad desde la realidad. Desde la fantasía no consigue situar sus pies en el suelo y transita, vuela de un lado a otro sin encontrar su sitio.

«Airbender» es un film pésimo, con un niño soso que baila sevillanas en vez de realizar movimientos mágicos (disculpen la licencia) y supone el punto más bajo de la carrera de un director que parece no saber dónde ir, mareado con tanto comentario irrespetuoso, harto de intentar agradar a todos y recibir correctivos, en algunos casos exagerados, del ámbito crítico.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 6 meses

Crítica: «Eclipse» o sin novedad bajo el sol

Sin bajarse del burroDavid Slade mejora visualmente una saga que no hace más que reiterarse a sí misma

Reconozco haber disfrutado sobremanera viendo «Crepúsculo». Me gustó esa película teen, con aires ultrarománticos que combinaba un clasicismo recargado en la trama y una estética heredera de la MTV en lo visual.

La propuesta que hizo la primera directora, Catherine Hardwicke, mostraba esa singularidad entre lo moderno y lo tradicional y el zumo le salió francamente jugoso.

La continuación, «Luna Nueva» destrozó todos los logros del primer film a base de cumplir los deseos de las fans, hambrientas de ver el torno desnudo del lobo, los gestos existencialistas del vampiro y las miradas perdidas de la joven deseada.

Chris Weitz dirigió sin gracia ni talento alguno y el film no era más que un continuo ir y venir de frases dignas de figurar en la estantería privilegiada de las cursilerías más ñonas de la señora humanidad.

En «Luna Nueva», la saga empieza a transmutar su piel hacia un film con componentes claramente reaccionarios, pasando de ser ultraromántica a ser ultraconservadora, demodé, anticuada.

Con un final sonrojante, el film desmereció la saga al machacarnos durante dos horas con los estúpidos diálogos del quiero y no puedo del amor a tres bandas que provocaba gritos casi vaginales en la platea pero la somnolencia masiva del resto de mortales.

En definitiva, la historia no avanzada sino que daba vueltas y vueltas sobre si misma a base de los dichosos diálogos, las caritas lindas y el amor prohibido tan fatal, fatalísimo.

En «Eclipse» la historia sigue parada (no sé como la escritora de las novelas ha podido alargar tanto el mismo concepto) y no pasa aparentemente nada, salvo cuatro escenas de acción. Ella sigue deseando copular con el vampiro, que es más antiguo que una puerta y, como los Jonas Brothers, prefiere casarse primero (argggg), así como ser una vampireta más, lo que no gusta al lobete Jacob, tan mono y tan fibrado, que pone morritos de enfado cuando los ve juntos. Y ya está, todo igual bajo el sol.

Eso sí, David Slade, el nuevo director, tiene más talento que el anterior y el film es muchísimo más llevadero que el precedente. La misma primera escena está rodada con estilo y creatividad y el film es más entretenido, no resulta tan hiperbólico como el anterior. De hecho, las escenas de acción están bien narradas y estructuradas y el film airea, con buenas dosis de realización visual, los instantes más plastas de los sufridos diálogos graves que disfrutan las cuerdas vocales de los protagonistas.

De «Eclipse» destaca la dirección de David Slade, la fotografía del vasco Javier Aguirresarobe y la música del genial Howard Shore aunque no salve la función a una historia cansina y que no avanza, ñoña y un pelín retrasada, interpretada por un Robert Pattinson que sólo veo convicente en este papel, una Kristen Stewart que empiezas a provocarte pelusilla y un Taylor Lautner que, sinceramente, tendrá tableta de chocolate pero es muy, muy justito.

Que les pase lo que les tenga que pasar pero que la saga se acabe pronto.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 7 meses

Crítica: «Toy Story 3» o el adiós definitivo a la infancia

EstupendaMisterios de la distribución hacen que «Toy Story 3» se pueda disfrutar ya en Estados Unidos y en Sudamérica pero no en España, dónde aterrizará el 23 de julio.

Mis hermosas vacaciones en Perú, concretamente en la bella ciudad de Trujillo, me han permitido meterme en un acogedor cine para poder ver esta deliciosa tercera parte que cierra definitivamente el subtexto que ha vertebrado todas sus entregas; ese adiós a la infancia, al caluroso abrazo de los juguetes, que abriga a los pequeños y que, al dejarlos, te ponen en bandeja una nueva etapa de la  vida en la que la imaginación y la ternura se sustituyen por la realidad y la supervivencia ante las obligaciones.

Por ello, esta última escena de «Toy Story 3» es tan perturbadoramente emotiva e intensa, al mostrarnos el alejamiento a la infancia que todos hemos vivido. Pero no desvelaré más, lo prometo.

Antes de ese hermoso desenlace hemos vuelto a comprobar que las señas de identidad de Pixar siguen intactas: creatividad y originalidad en los personajes, la emoción que envuelven sus actos e ingenio en el desarrollo de la historia.

El film se abre con una escena chispeante en la que toda la creatividad de la factoría se pone en acción: un prólogo divertidísimo, repleto de acción que sirve de espejo con su epílogo, en el que la imaginación infantil se derrocha situando a sus conocidos juguetes en situaciones desternillantes.

Pero el tiempo pasa tal como se acaba la batería de una cámara de vídeo. Brillante.

A continuación y hasta su final, el film ofrece una auténtica bacanal de nuevos personajes, algunos de los cuales son sencillamente sublimes, cada uno con su tic y su identidad, recogiendo la originalidad y brillantez en la construcción y definición de personajes de la factoría, y todo un conjunto de situaciones geniales, estupendas, donde acción y emoción van de la mano y consiguen construir un castillo de naipes magnífico, derrochador de inteligencia y entretenimiento puro, graciosísimo, repleto de momentos descacharrantes para la mandíbula.

No hay descanso ni descensos creativos en esta montaña rusa de diversión total que supone «Toy Story 3», película ejemplo de creatividad y sensibilidad.

«Toy Story 3» se erige, así, como una digna continuación de una saga que nos ha enseñado la emoción que se esconde detrás de un juguete, en ese gusto especial de la Pixar en dotar de alma a aquellos en los que nunca, o casi nunca, nos fijamos.

Y es que detrás del sentimiento de un juguete, está un pedazo de nuestra alma infantil.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 año y 7 meses

Críticas: «Iron Man 2» en forma, Gyllenhall da estilo a «Prince of Persia», flojita «Que se mueran los feos» y fallida «Noche Loca»

No cenaría al lado de este tipo ni loco«Iron Man» agradó a la platea y a la crítica por el buen equilibrio que lograba entre el espectáculo de acción y la definición del personaje que se esconde detrás del traje de hierro.

El primer film de Jon Favreau llegó en un momento en el que las adaptaciones de super-héroes se entretenían más en la psicología del personaje que en sus aventuras. Su tono ligero, su humor y su acción dosificada refrescaron este estilo más denso que tenían el «Hulk» de Ang Lee (film que adoro especialmente) o los «X-Men» de Brian Synger.

Robert Downey Jr., con su sinvergonzonería irónica, acabó de popularizar el personaje, que rezumaba inteligencia y empatía con los espectadores.

En la segunda parte, «Iron Man 2», ese equilibrio entre acción y definición se mantiene, algo meritorio teniendo en cuenta la tendencia en Hollywood a que las segundas partes tengan más de todo.

Ciertamente, el film contiene más escenas de acción (muy bien narradas) y más efectos visuales pero no descuida a su personaje con un tono, en esta ocasión, más grave y taciturno,  al centrarse en la enfermedad que afecta a nuestro protagonista.

Un repugnante Mickey Rourke como villano y la estimulante presencia de Scarlett Johansson redondean un divertidísimo film de acción que garantiza el más puro y desacomplejado entretenimiento.

«Prince of Persia», buen estilo y malos diálogos

Jake, siempre es JakeNo se puede negar que ver a Jake Gyllenhall como Príncipe de Persia le infiere clase a esta película Disney producida por el megalómano Jerry Bruckheimer.

Como también juega a favor del resultado final la estimable modernidad y elegancia en la dirección de Mike Newell o el brillante trabajo técnico de primeras espadas como John Seale (fotografia) o Michael Khan (montaje).

La película, que bebe de «Piratas del Caribe» e «Indiana Jones», tiene una factura espléndida, cuidadísima, lo que te facilita no irritarte del todo con los previsibles (y estúpidos) diálogos que tienes que escuchar (cuando discuten chico y chica deseas la muerte de ambos) o la debilidad de una trama un tanto confusa y con resolución complaciente.

Y es que tanto muerto no era normal en la Disney. Pese a ello, el film entretiene con cierta convicción.

«Que se mueran los feos» o ¡ay que rico!

No es tan divertida como «Fuera de Carta», el anterior film de Nacho G. Velilla, pero contiene buenos momentos. «Que se mueran los feos» es una película flojita, bastante flojita, pero ante la que no puedes evitar reírte viendo cantar «Eres tú» a los tres protagonistas en el coche o con la extravagancia de algunos personajes como el memorable que interpreta Juan Diego.

Concluimos el repaso con «Noche Loca» que desaprovecha la comicidad de dos grandes como son Steve Carell y Tina Fey en un film que acaba con otra almibarada mirada hacia la familia tradicional americana. Solo el taxista gritón produce buenas risotadas.

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