Crítica: «La Red Social» o el soberbio retrato de nuestro solitario tiempo
Después de un lapso de tiempo sin vernos en esta querida página, volvemos con más madera. Para empezar, la crítica del nuevo trabajo del genial David Fincher
Una competición de regatas, donde prima la velocidad, rodada en cámara lenta, con música clásica reelaborada desde la modernidad, planos vertiginosos en sus perspectivas, primerísimos angustiosos, exhibición rítmica, talento visual mayúsculo, cine grande.
Esta escena, que me retrae el aroma del Kubrick inalcanzable, es tan soberanamente buena que sólo puede haber sido creada por un maestro del cine. David Fincher lo es y su filmografía así lo demuestra. Su innegable creatividad y su lucidez narrativa no tienen demasiados rivales en el arte cinematográfico actual. Como rotundas maestrías esconden «Seven» o «El Club de la Lucha» o «Zodiac».
Pero, además, Fincher tiene el don de resultar generacional casi siempre. Se sitúe en la época que se sitúa su cine, su labor tiene ese rumor a título definitivo sobre algo, a conseguir dividir con su atrevimiento lo anterior y lo que vendrá, a resultar no sólo convincente sino necesario para explicar el cine de su tiempo.
Si a esa capacidad de traspasar y clavar picas en su realidad, se añade un relato tan claramente generacional como el creado con inusitada belleza dialogada por Aaron Sorkin en «La Red Social», no podemos más que encontrarnos con un sorprendente clásico moderno.
Supongo que muchos reaccionaron cómo yo lo hice cuando me enteré que estaba metido Fincher en el mundo de Facebook y de Mark Zuckerberg. Incrédulo. Pobre de mí, el director sabía que «La Red Social» sería al mundo individualizado y aislado de hoy, lo que «El Club de la Lucha» fue al mundo desorientado, convulsivo y agresivo de hace unos años.
«La Red Social» es, además, un retrato inmisericorde de un mundo competitivo y sangrante, donde las lealtades están acabadas y donde el dinero y el egoísmo recorren todo aquello que resulta exitoso.
La pugna por el dinero generado por Facebook de Zuckerberg y compañía es una parábola definitiva del deshonesto mundo del éxito que preside nuestro planeta, dónde el nadie conoce a nadie nos deja en una indefensión que los grandes poderes aprovechan.
Por si fuera poco, y mientras disfrutamos de lo agradable que es oír diálogos inteligentes y demostraciones palmarias de una narración fílmica de primer orden, el film nos ofrece un retrato complejo, ni condescendiente ni complaciente, de un tipo odioso ante el desamor, un genio imperturbable y, en el fondo, un egocéntrico brillante acomplejado por no ser el chico de las carreras de remos.
La soledad, en el fondo, de un mundo tecnológico que creemos que nos une a través de redes de amigos cuando, quizá, nos separe. Un mundo en el que dedicamos más tiempo a actualizar y actualizar una página en nuestra soledad que en salir a la calle a tomar un café o el aire fresco.
«La Red Social» es un film asombroso, no sólo por su calidad y su adherencia a su tiempo, sino por ser uno de los pocos que han abofeteado a la sociedad actual dejando en evidencia su soledad.
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