Crítica: «Harry Potter 7» y llegó el equilibrio
Yates ha mejorado una saga infantil hasta hacerla robusta y equilibrada
Los primeros pasos fílmicos de Harry Potter vinieron de la mano de Chris Columbus, poco estimulante director de comedias americanas al uso y contador desapasionado de las dos entregas iniciales (La Piedra Filosofal y La Cámara Secreta). Alfonso Cuarón, en la tercera película (El Prisionero de Azkaban), ofreció un destello de lo que podría ser la saga en un futuro: mucho más tenebrosa, más arriesgada, con ínfulas artísticas, no sólo comerciales.
Tras el tropiezo de Mike Newell en «El Cáliz de Fuego», la peor de toda la leyenda potteriana, David Yates, un desconocido director británico, se hizo cargo de la franquicia ante el escepticismo general.
Un desasosiego que parecía justificarse en la primera, y desordenada, hora de «La Orden del Fénix» pero que se disipaba en una segunda parte vitamínica, malsana, con interesantes aciertos en la deriva apocalíptica de la historia y con una factura visual bastante estimulante.
«El Misterio del Príncipe», la peor tratada e injustamente por la crítica, era un ejercicio cinematográfico brillante, atrevido incluso, capaz de combinar la acción con parones curiosos que se centraban, con toques de humor, en los problemas hormonales de los adolescentes protagonistas. Esta sexta entrega se definía como un título clave en la transmutación final del devenir de la historia, desde la infancia hasta la adultez.
Y llegó el equilibrio. «Las Reliquias de la Muerte. Parte I» ya es un film plenamente adulto, equilibrado y fuerte. La calidad visual es todavía superior al contar con buenos técnicos como Eduardo Serra en la fotografía o Alexandre Desplat en la música y al encontrar en David Yates un maestro de ceremonias más acertado, más trepidante, más contundente.
«Harry Potter y Las Reliquias de la Muerte» transmite la desesperación del final de ciclo, la angustia que desprende lo maligno y el errante destino (a lo Señor de los Anillos) de unos jóvenes perdidos en un mundo que se les ha ido de las manos.
El film contiene una apasionante ración de acción, correctos descansos y una puesta en escena más elaborada, con especial inspiración en la plasmación de lo negativo, de lo enfermizo (las apariciones de Ralph Fiennes son eléctricas). Incluso, posee ciertos deseos artísticos en el planteamiento de esos espacios muertos entre los giros de la narración.
«Harry Potter 7» es un film adulto, seguro de sí mismo, sugerente aunque pueda bandearse en su escala rítmica.
Un buen prólogo para lo que promete ser un final espectacular.
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