«Origen»: La brillante y fascinante sobreactuación autoral de Christopher Nolan
En un film con innumerables capas, voluntariamente dispuestas para fascinar al espectador, no se puede ejercer una reflexión mínimamente acurada si no lo hacemos, precisamente, por partes. Porque «Origen» contiene tanta salsa sobre su carne que puede resultarte una quimérica (y apasionante) labor tratar de analizar todos sus sabores como, al mismo tiempo, empachosa su preparada densidad.
Pero, como he dicho, vayamos por partes.
Nivel Escrito:
Resulta innegable que «Origen» es un film brillante, fascinado y laberíntico, que te pega a la butaca y te obliga a estar atentísimo a todo cuanto sucede. A nivel escrito, la película es originalísima, no sólo en los niveles y subniveles que plantea sino en la concepción casi matemática de los sueños, de los que toma como base las leyes de Freud de proyección del yo pero, al mismo tiempo, realizando casi una cartografía de ellos más cercana a la técnica científica y no de los reflejos emotivos.
Los diversos giros y la gradación de la información de cara al espectador es perfecta, te da lo suficiente para no perderte y te interroga sobre lo demás para que sigas indagando y ansiando controlar el resto de lo que te quiere explicar.
A nivel guionístico, la conjunción de cine de atracos, de acción, con profundad psicológica e historia de amor está, como siempre en el creador, perfectamente hilvanados y el conjunto es francamente admirable.
Toda una arquitectura narrativa digna de encomio, con ideas geniales como el propio limbo, la culpabilidad ante la inculcación de un concepto que precipita la tragedia personal....
Nivel Visual:
«Origen» no puede ser más compleja a nivel visual. Es un trabajo no solo laborioso sino propio de un personaje superdotado para la narración.
No se conforma con una línea narrativa, sino que Nolan es capaz de manejar cuatro o cinco estadios explicativos sin problemas aparentes, resultando brillante en todos.
Que cada nivel de sueño tenga una temporalidad distinta es un concepto que a nivel de planificación visual está tratado con absoluta maestría: la cámara lenta del nivel más rápido, el tiempo flotante en el segundo, la rapidez del tercero y la especie de congelación etérea del limbo final.
En definitiva, Christopher Nolan ofrece una nueva lección de lenguaje cinematográfico en un film que aúna espectáculo y profundidad, taquilla y autor.
Nivel Emocional
Por mucho que nos empeñemos en soslayar el apartado emotivo ante el torrente fílmico que nos ofrece Nolan, creo honesto considerar que la película no consigue engancharse a la vena sensible del espectador.
En definitiva, y siendo mucho más claro, la desesperación del personaje de Di Caprio no llega a la platea y no lo hace no por el actor, que está moderado y acertado, sino por la propia obstinación de Nolan por la frialdad expositiva de la que hace gala, refinada sí pero gélida.
Además, siendo tanto el nivel escrito como visual buenísimos, el exceso de escenas de acción y tiros pueden desnortar al espectador en su intento de sentir íntimamente la historia.
Nivel Autoral
Va a resultar paradójico lo que voy a expresar pero así lo pienso: Christopher Nolan es lo mejor y lo peor de la película.
Con ello quiero decir que todos los grandes logros de un film, en general, brillante es fruto de su maestría dirigiendo y su personalidad escribiendo el guión. Pero al mismo tiempo, Nolan transmite continuamente una sensación de estar sobreactuando a nivel autoral para resultar siempre transcendente, siempre intelectual, sin conseguir que su film descanse, nunca da aire al espectador, para epatar durante las dos horas y medias de metraje.
En definitiva, Nolan parece estar, y perdónese la expresión pero es lo forma de ser gráfico, «sacando pecho» o «marcando paquete» durante todo el film. Antes hablábamos de su habilidad para narrar a cuatro niveles sin problemas. Pues, toda esta parafernalia visual parece llevar la etiqueta de «vean queridos y esforzados espectadores, soy tan bueno que puedo con todo».
En resumen, Nolan es muy bueno, buenísimo, pero en muchos instantes parece más preocupado en eso que en su propia película que se muestra, en muchos momentos, demasiado artificial y demasiado grave, demasiado pagada de sí misma.
Conclusión
«Origen» es un film original y brillante, que fascina y que ofrece un entretenimiento inteligente aunque, en muchos tramos, huela a tour de force de un autor preocupado en parecerlo y que acumula y acumula líneas y mensajes indescifrables, algunos apasionantes y otros un tanto fanfarrones, para dejar al espectador extasiado con un espectáculo tan bien creado como, y lo siento por mis colegas, excesivamente vanidoso.
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