Crítica: «Eclipse» o sin novedad bajo el sol
David Slade mejora visualmente una saga que no hace más que reiterarse a sí misma
Reconozco haber disfrutado sobremanera viendo «Crepúsculo». Me gustó esa película teen, con aires ultrarománticos que combinaba un clasicismo recargado en la trama y una estética heredera de la MTV en lo visual.
La propuesta que hizo la primera directora, Catherine Hardwicke, mostraba esa singularidad entre lo moderno y lo tradicional y el zumo le salió francamente jugoso.
La continuación, «Luna Nueva» destrozó todos los logros del primer film a base de cumplir los deseos de las fans, hambrientas de ver el torno desnudo del lobo, los gestos existencialistas del vampiro y las miradas perdidas de la joven deseada.
Chris Weitz dirigió sin gracia ni talento alguno y el film no era más que un continuo ir y venir de frases dignas de figurar en la estantería privilegiada de las cursilerías más ñonas de la señora humanidad.
En «Luna Nueva», la saga empieza a transmutar su piel hacia un film con componentes claramente reaccionarios, pasando de ser ultraromántica a ser ultraconservadora, demodé, anticuada.
Con un final sonrojante, el film desmereció la saga al machacarnos durante dos horas con los estúpidos diálogos del quiero y no puedo del amor a tres bandas que provocaba gritos casi vaginales en la platea pero la somnolencia masiva del resto de mortales.
En definitiva, la historia no avanzada sino que daba vueltas y vueltas sobre si misma a base de los dichosos diálogos, las caritas lindas y el amor prohibido tan fatal, fatalísimo.
En «Eclipse» la historia sigue parada (no sé como la escritora de las novelas ha podido alargar tanto el mismo concepto) y no pasa aparentemente nada, salvo cuatro escenas de acción. Ella sigue deseando copular con el vampiro, que es más antiguo que una puerta y, como los Jonas Brothers, prefiere casarse primero (argggg), así como ser una vampireta más, lo que no gusta al lobete Jacob, tan mono y tan fibrado, que pone morritos de enfado cuando los ve juntos. Y ya está, todo igual bajo el sol.
Eso sí, David Slade, el nuevo director, tiene más talento que el anterior y el film es muchísimo más llevadero que el precedente. La misma primera escena está rodada con estilo y creatividad y el film es más entretenido, no resulta tan hiperbólico como el anterior. De hecho, las escenas de acción están bien narradas y estructuradas y el film airea, con buenas dosis de realización visual, los instantes más plastas de los sufridos diálogos graves que disfrutan las cuerdas vocales de los protagonistas.
De «Eclipse» destaca la dirección de David Slade, la fotografía del vasco Javier Aguirresarobe y la música del genial Howard Shore aunque no salve la función a una historia cansina y que no avanza, ñoña y un pelín retrasada, interpretada por un Robert Pattinson que sólo veo convicente en este papel, una Kristen Stewart que empiezas a provocarte pelusilla y un Taylor Lautner que, sinceramente, tendrá tableta de chocolate pero es muy, muy justito.
Que les pase lo que les tenga que pasar pero que la saga se acabe pronto.
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