Crítica: Apabullante «Avatar» pero también conmovedora
El cine es un medio expresivo y artístico en el que su esencia se basa en la explicación de una historia con imágenes.
Por otra parte, como muy bien señalan los profesores Xavier Pérez y Jordi Balló en el imprescindible libro «La Semilla Inmortal», el cine como narrador recurre, en la mayoría de ocasiones, a los argumentos universales creados por la literatura o la oralidad u otras artes.
En definitiva, que se acaba siempre recurriendo a los patrones o cajones estanco que rellenamos con novedades pero que forman parte de una estructura ya creada o sabida.
Con estos dos argumentos iniciales, el cine como expresión visual y como continente de argumentos perpetuos, trato de aclarar mi posición acerca de lo que muchos han dicho de «Avatar»: que es sólo técnica y que es muy simple argumentalmente hablando.
En el primer extremo, elevar una discusión sobre la «artisticidad» de la película es poco menos que vacuo. Existe arte en la interpretación o en la dirección o en la dirección de fotografia o en la música y, además, la técnica es la forma en la que lo artístico se manifiesta. ¿O los trazos impresionistas no son una técnica? Cuando el 3-D se usa como lo hace Cameron, con fines claramente narrativos es una técnica tan defendible y válida como cualquier otra. El problema es que esta técnica, hasta este film, no era más que una bola que se dirige al espectador (efectismo que Cameron evita continua y conscientemente) o un romo documental sobre cualquier ciudad o animal marino.
En este ámbito, «Avatar» es apabullante, electrizante, espectacular, única, asombrosa.... y muchas cosas más. La película te incluye en sus tierras y te hace sentir con absoluta naturalidad tu presencia en las mismas. Los avatares parecen tan reales como tus gafas o como la persona que se sienta a tu lado y los colores, texturas y dimensiones del mundo de Pandora pareces paladearlos, sentirlos íntimamente.
A nivel visual y como espectáculo sensorial, «Avatar» es insuperable, un salto en la forma de filmar cine que se impondrá, y lo veremos, dentro de muy poco. De hecho, su primer gran paso es esta película.
Y apostillar una cosa más en esta primera parte. La dirección de James Cameron es prodigiosa, dinámica, rítmica, apabullante y delicada cuando pertoca. Y eso es una labor artística, como preciosa suena la partitura de James Horner o creíbles se muestran las interpretaciones de Zoe Saldanha o Sam Wortinghton.
Sobre el segundo extremo, «Avatar» explica una historia ciertamente sencilla. Se le puede reprochar, seguro, que lo hemos visto antes. Su estructura es de las de toda la vida, basada en la figura del infiltrado que acaba sucumbiendo a la belleza de lo que espía y toma partido para acabar liderando su victoria y ocasionando la derrota de los que le enviaron a tan engañosa labor.
Los que se ensañen en este aspecto tienen las de ganar. No es ni especialmente original, ni especialmente arriesgada. De hecho, da la sensación que Cameron no se la ha querido jugar y que su apuesta se mostraría más firme sobre una estructura argumental que no fallaría.
Pero también es justo considerar que la película, pese a su simpleza argumental, es efectiva y muy solvente. «Avatar» es una película con grandes tramos conmovedores, bonitos, hermosos incluso, que no cae en el kitsch o en lo ñoño (aunque parezca que lo roza) y que se muestra muy valiente en resultar un tanto blanda, naif diría, con un mensaje ecologista que puede resultar primario pero que es bello.
No excitó quizá mi cabeza como otros films pero sí mi emoción. Y, a veces, en las explicaciones sencillas están las emociones más puras.
En definitiva, pueden las neuronas agresivas atacar ese mundo de Pandora, quizá con la misma instransigencia que el ejército americano en la película, exigiendo enjundia (hablo de esa parte de la crítica que se refocila con prejuicios preestablecidos o posicionamientos rancios) pero se olvidarán de que el cine también es dejarse llevar por la emoción de un vuelo, la ardiente defensa de un mundo perdido o las miradas de una criatura fantástica que ve su universo arruinado o su vida envuelta en un amor interracial.
Cuando se entra en Pandora hay que dejar los pensamientos analíticos y dejarse envolver por su riqueza visual y por la experiencia sensorial que James Cameron nos propone y que nos conecta a su historia como nuestro protagonista a su animal de vuelo.
«Avatar» es increíble visualmente pero también es conmovedora.
1 comentario
#1. Susi, hace 2 meses y 2 días
Sííííííííííííííí
Tienes tanta razón !!!
Me fascinó Avatar. El argumento simple, de acuerdo. Pocahontero. Pero qué maravilla estar ahí dentro. El 3D es fantástico y Cameron ha sabido aprovecharse de ello. Quiero vivir en Pandora!! Eso sí, me ha dicho un amigo que si en Pandora no hay libros él pa' qué va a ir allí... aburrido.
Gracias, Juan Pablo, por otra reseña tan buena.
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