Por Juan Pablo Beas, hace 9 meses y 16 días

Crítica: «Ágora» de Alejandro Amenábar o la violencia contra la razón

Me emociona esta historiaNo me interesa el cine de Amenábar hasta «Ágora». Sencillamente.

Tanto «Tesis» (balbuceante debú elogiado en exceso) como «Abre los Ojos» (tedioso Hitchcock sin justificar), «Los Otros» (un poco de estilo en historia aburrida) y «Mar Adentro» (apología de la manipulación emocional del espectador) me resultan falsarias y vacías, un caramelo sin sabor envuelto en una hábil capa de visualidad contemporánea y talentosa.

Han recibido tantos elogios films que denosto abiertamente que la irritación inicial ante lo escuchado ya se había transformado en mí en pura indiferencia, acostumbrado a que los sectores críticos de este país encumbraran sus películas como el que ficha cada mañana en la oficina.

Pero Amenábar ha hecho «Ágora» y, por primera vez, me ha conmovido, me ha emocionado, me ha sobresaltado. 

Quizá porque el film está hecho desde el cerebro pero también desde el corazón y la tripa, quizá porque se atreve a gastarse tanto dinero en una película que quiere entretener pero también explicar cosas, quizá porque me pongo de pie de indignación cuando veo indiferencia ante la razón y violencia contra el diálogo, quizá porque me emociona la libertad que reclama esa mujer brillante, quizá porque consigo oler esas calles y oir sus ruidos, quizá porque ese humanismo que defiende me parece importante.

Prefiero mil veces este Amenábar, aunque sea imperfecto, que el Amenábar artificial que tantos laudatorios recoge. «Ágora» tiene alma, quiere explicarse, tiene espíritu y emoción, convence en su creencia y denuncia salvajadas tristemente actuales.

Ahí es donde se ve a un creador, dónde se destila su posición y su necesidad de narrar, cuando se cree lo que explica.

Amenábar ha sido valiente haciendo un film discursivo, filosófico, perfecto en la combinación de ese macguffin cósmico (el movimiento del sol y la tierra que persigue Hipatia) con la convulsa situación de Alejandría ante el estallido del fundamentalismo religioso.

Maravilloso alegato contra el fanatismo religioso que desdeña la razón y el diálogo, ese pernicioso engaño para almas débiles creado por asesinos intolerantes, reinvindicación de la cautela y el orden, del encuentro ante la barbarie, «Ágora» es un film radiantemente bello, poético en su visión de la astronomía y fulgurantemente sucio y realista en el conflicto que explica.

Tiene capacidad para mancharse de sangre y limpiarse su espíritu con aspiraciones cósmicas, consigue dejar su afligido mensaje y ofrecer un espectáculo medido, sin grandilocuencias, reflejo de una ambición justa y de un deseo, por primera vez, de ser un autor con mensaje, no simplemente parecerlo.

Amenábar ha tejido, pues, un film magnífico, fascinante y fascinado, que se entrega en su empeño y que tiene verdad en su deseo de explicar hasta que punto el hombre puede destrozar lo más sagrado: el respeto a la convivencia y al pensamiento del otro.

¿O no me digan que la destrucción de la Biblioteca de Alejandría no es una de las escenas más violentas que han visto últimamente en el cine?

Emocionante y necesaria, sólo puedo decir que adoro esta película.

1 comentario

#1. Ginebra, hace 9 meses y 16 días

Pués hoy difiero de tu opinión, Juan Pablo, cosa por otra parte, edificante. Amenábar me gustó en Tesis, era un thriller de un jovencísimo director que prometía, la verdad. No me interesó Abre los Ojos, una paranoia perdonable... Los Otros fue espectacular en la realización, la fotografía, el guión y la interpretación (hablo desde mi punto de vista) y me atrapó en Mar Adentro. Esta última es la que más me gusta... música y fotografía, geniales, sobre todo esta última. Interpretación brillante con un Bardem «que se sale» en todo el film. No he visto Ágora, he leído algunas críticas (Boyero incluído) pero aún no he ido al cine.
Ya de entrada hay que aplaudirle por haberse atrevido a esta superproducción. Es un tío con mucho talento (incluso compone la música) yo me atrevo a comparale, quizás de forma osada, con Eastwood, en ese sentido de cuidadoso y meticuloso. En involucrarse en todos los aspectod de la peli que hace (dirección, música, guión, montaje y su amor por la fotografía)... efectivamente al maestro nadie le iguala, pero no perdamos de vista a este director joven, yo creo que nos seguirá emocionando.
En fín, besos.

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