Por Juan Pablo Beas, hace 2 años y 4 meses

Concha de Oro para el planfleto chino «City of Life and Death»

Labor cumplida, Lu ChuanFinalmente fue «City of Life and Death» quién se llevó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián. Tras 35 películas y una vez en casa, cómo se extraña la cama de uno, los aires del viaje han disipado los síntomas de rabieta que uno tiene habitualmente cuando oye los veredictos de este festival.

En 14 años de permanencia en el certamen he visto barbaridades bastante más alucinantes que el premio de este año («Taxi para tres» o «Bwana» o «El Museo de Margaret») otorgado a una de esas películas que si no las piensas un poco te vende gato por liebre.

«City of Life and Death» es un film muy bien hecho, técnicamente impecable, con una dirección de fotografía estupenda y gran habilidad en el tratamiento de la imagen.

Pero es irremediablemente, y como muchos productos avalados por el régimen chino, profundamente maniqueo y panfletario. Está claro que los japonenes fueron salvajes con los ocupados chinos pero no hace falta destacarlo en cada plano a base de muertes explícitas y acumulación de cadáveres. Como tampoco es necesario que el remordimiento de los opresores sea mostrado con tanto efectismo y con tantas trampas emocionales que manipulan al espectador.

Todas estas maniobras pueden pasar desapercibidas pero están ahí. Me juego un guisante a que esta película la hace un director americano y le caen bofetadas hasta en el carné de identidad.

El resto del veredicto del jurado presidido por Laurent Cantet es igualmente gracioso. El premio especial para «Le Refuge», un film sencillísimo pero resulta que es francés, el guión para otra manipuladora, «Blessed», film australiano que acumula dramas incontenibles y gravísimos en cada segundo de su exagerada e increíble historia.

El premio a mejor director a Javier Rebollo me provoca cierta simpatía (al contrastar su deseo de hacer algo diferente frente a los academicismo rancios) aunque hablemos de un creador que si dedicara más tiempo a hilvanar una historia y menos a resultar marciano podría reivindicar más honestamente su forma de hacer cine.

En cuanto a los actores, la tierna «Yo, también» se llevó los dos premios. El de Lola Dueñas es aceptable y el de Pablo Pineda, un dardo envenado del jurado que le ha puesto en medio de una polémica que no tenía en la que verse involucrada una persona que, con absoluta sinceridad, no se considera actor. Creo que aunque uno se interprete a uno mismo cuando hay una cámara al lado ya se está actuando. Como considero que la decisión del jurado es ternurista, lo contrario que el propio film que huye precisamente de esta condescendencia.

Y como es lógico el film más redondo de una competición raquítica, «El Secreto de sus ojos» se va de vacío. Debería haber formado parte del palmarés el film de Campanella como también podían formar parte de él la turca «10 to 11» por su escritura metafórica o si hubiera sido un jurado arriesgado la francesa «Hadewitjch» de Bruno Dumont.

En fin, mal palmarés para un festival que, en lo competitivo, ha sido muy decepcionante.

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