Laurent Cantet o el brillante cine callado
Ha conseguido a sus 47 años, una de las mayores distinciones que un cineasta puede lograr: la Palma de Oro en Cannes, sin duda, el mejor reconocimiento que un autor puede acariciar en su vida.
Muchos años llevaba el cine galo sin adueñarse de la Palma de Oro de este prestigioso certamen en el que se reúnen los más afamados y laureados directores de cine.
«Entre les murs» un drama escolar que persigue el día a día de profesorado y alumnado, que sigue la senda del poético y emocionante «Hoy empieza todo» del maestro Bertrand Tavernier, le ha deparado a Laurent Cantet el reconomiento internacional que ya había merecido previamente.
Su carrera cinematográfica se ha inició relativamente tarde, a mediados de los 90. Tras dos cortometrajes, debutó en el largo con «Les Sanguinaires», film inédito en nuestras pantallas.
Con su siguiente obra ya llamó la atención de muchos festivales internacionales. «Ressources humaines» es un callado, incisivo e inteligente caminar por el día a día de una fábrica y sus trabajadores. En este film, Cantet ofrece sus primeros signos de identidad manifiestos. Un cine documentado, cuidadoso, que sabe ofrecer perspectivas y razonamientos ponderados y cortantes, un cine silencioso pero reinvindicativo e incluso feroz en muchos instantes. Un cine absolutamente humano y aprehensible.
Su consolidación artística a niveles de calidad se produce con su siguiente obra, «L'emploi du temps», la mejor película que ha trado el despido de un hombre ocultado a su familia y que, ante la mentira, empieza a desarrollar una existencia paralela y solitaria.
La mirada lánguida de su protagonista es la síntesis perfecta de ser derrumbado. «L'emploi du temps» es una reflexión profunda sobre la incomunicación, la falsedad y la derrota moral de una persona en su contexto social. Imprescindible.
Su único traspié hasta el momento fue «Vers le sud», su anterior film, en el que mostraba la aventura de tres mujeres francesas en búsqueda de compañía masculina en la peligrosa Haití de los 80. La interpretación de Charlotte Rampling y alguna escena en la que se enseña la problemática de la madurez solitaria, salvan parcialmente este film que no tiene la talla de las anteriores.
Con «Entre les murs», Cantet parece volver a ofrecernos ese valiente cine callado, inteligente y contemplativo, maduro y comprometido, que llega mucho más lejos que otros sin tantas pretensiones y con una forma de hacer cine tan seria como responsable.
Un gran creador que la Palma de Oro ha puesto en el espacio de prestigio que merecía un cine social tan silenciosamente bello y necesario.
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