Por Juan Pablo Beas, hace 4 años y 1 mes

Crítica: «American Gangster», de Ridley Scott

American GangsterHay películas que parecen surgir de una necesidad del séptimo arte, que florecen de forma espontánea y casual, que se presentan ante ti cuando la temática o el estilo han madurado lo suficiente. Es una pura ilusión pero hay películas que parecen nacer con la misma naturalidad que una planta o una flor.

Y hay otras prefabricadas. Que se realizan en base a un objetivo concreto, que se estrenan en una época reflexionada, que contrata a los actores que interesa con un único fin: ganar premios.

«American Gangster» pertenece a la especie de películas que huelen tanto a planificado y preconcebido que pierden su esencia, su vida, su fuerza. Muchos podrán decir que todos los films son un negocio, que comparten la misma génesis y que realizan las mismas piruetas con los mismos fines pero es que a la película de Ridley Scott además se le nota.

No parece Scott interesado en ser sino en parecerlo. «American Gagster», historia de una jefe mafioso enfrentado a férreo policía, tiene tanta impostura, tantas páginas de guión innecesarias para parecer una epopeya, tan pocos matices interpretativos en Denzel Washington que brega con un personaje del que sabemos más por lo que hemos visto en otras películas que en su propia definición en el film, tantas escenas para subrayar cuatro cosas ya sabidas, tan poca vibración narrativa interior, tan poco sustrato dramático, tantos y tantos tópicos mil veces recorridos por el cine de gagsters, tan poco pulso en la dirección...

Scott ha querido hacer una película seria sobre el tema, se ha transcendentalizado tanto con sus objetivos que el film resultante es un moroso e incompetente, en su primera hora y media de forma clara, ejercicio de estilo sin fondo ni profundidad ni emoción ni electricidad.

La dimensión social y política de la cinta queda lastrada y desperdiciada en una película que cree poco en ella misma, enterrando interesantes ramificaciones del mundo del narcotráfico de la época por su propia incapacidad para hacerse atractiva.

Ridley Scott saca genio en el tramo final de la película, cuando las trayectorias de mafioso y policía se juntan definitivamente, pero ya es demasiado tarde, cuando el daño en el interés del espectador ya está hecho.

Antes, Scott malgasta una historia que en otras manos hubiera resultado, seguramente, sobresaliente. Su poca convicción en la puesta en escena, su hueca plasticidad se muestran carentes de la emoción y el dinamismo de las grandes historias.

Y como colofón, una resolución excesivamente dulcificada, en la que las dos caras de la moneda parecen acercarse en una supuesta conexión ética que el film no nos ha demostrado en ningún momento.

Podía haber sido «American Gangster» un film muchísimo mejor, contando con quién contaba (Russell Crowe está bien como siempre pero a Washington no nos lo creemos ni de lejos), con un guión del que sacar provecho y con un director que parece más interesado en darse un lujo en su carrera que en explicarnos una historia, que más que fascinante resulta fastidiosa.

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