Crítica: «El Ultimátum de Bourne», de Paul Greengrass
Es curioso observar el circo social que se ha montado alrededor de esta película. He tardado un poco más de lo habitual en este tipo de estrenos para disfrutarla en el cine, pero me sentía tremendamente obligado al notar un bombardeo constante desde todos los tipos de medios de publicidad que se pueden hacer. Está claro que el marketing funciona, pero el marketing sólo vende el producto, independientemente de si es bueno o malo. Con esta película pasa algo parecido, una puesta entre el público brutal, todas las televisiones hablando de ella y una crítica volcada (y comprada). ¿No se lo creen? Observen esta verdadera declaración de intenciones en la promoción del film (Matt Damon en Fotogramas):
«Bourne no es como Bond. Bond es un asesino que trabaja para y desde dentro del sistema. Es un hombre anclado en los años 60: un espía misógino, un insaciable devorador de mujeres, y con un barniz imperialista, por no decir fascista. Un hombre que se acuesta con todas las que se le ponen a tiro y asesina a quien se le ponga por delante si con eso cumple su servicio al estado, sin que su conciencia de resienta. Y el publico desea que lo haga y que después se vaya a la otra parte del mundo, vistiendo su esmóquin blanco y bebiendo dry martinis. Nadie quiere ver llorar a James Bond. Jason Bourne, en cambio, está contra el sistema. Lo más probable es que Bond fuera uno de los que persigue a Bourne.»
El film muestra la tercera parte del inagotable Jason Bourne, una arma de matar humana sin conocimiento alguno sobre su persona. Desde la primera película hasta esta, que es en teoría dónde se cierra el cerco, Bourne intenta descubrir su identidad y parte de su pasado, cosa que consigue gracias a pasajes que recuerda en su memoria y que le permiten recomponer un poco su complicada vida. El reparto es sensacional, Daniel Brühl, David Strathairn, Julia Stiles, Joan Allen, Scott Glenn o Albert Finney completan el cartel, y sin excepción, están a un gran nivel.
Sin embargo no hay que dejarse engañar por todo este tinglado sensacionalista, la película carece totalmente de trasfondo importante. Paradójicamente esto denota en el director cierta capacidad y talante para no aburrir con un bodrio político anti-sistema, está claro que lo quiere es acción, frenesí, un perfecto sinfín de imágenes de mamporros y persecuciones. En este aspecto «El Ultimátum de Bourne» es de lo mejorcito que he visto este año, mucha perfección y buena mano del director para completar un hilo casi permanente de violencia explicita. Como único punto negativo a toda esta infinidad de secuencias de acción podemos hablar de la temblorosa mano del cámara, una técnica últimamente utilizada y que personalmente se excede totalmente en esta ultima parte de la saga de Bourne. Sin embargo si nos alejamos de la superficie de la película, muy poca cosa más podemos encontrar. Todo se desarrolla a partir de la nada. La historia es escasa en todos sus aspectos, la dirección no se preocupa de explicar detalladamente la trama y el porque de tantos golpes. Técnicamente es excelente; sonido brutal, imágenes y planos hiper-realistas, localizaciones en todo el mundo, pero tácticamente, una película facilona y para todos los públicos, sin rechistar.
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