Por Juan Pablo Beas, hace 21 días

Crítica: «Eclipse» o sin novedad bajo el sol

Sin bajarse del burroDavid Slade mejora visualmente una saga que no hace más que reiterarse a sí misma

Reconozco haber disfrutado sobremanera viendo «Crepúsculo». Me gustó esa película teen, con aires ultrarománticos que combinaba un clasicismo recargado en la trama y una estética heredera de la MTV en lo visual.

La propuesta que hizo la primera directora, Catherine Hardwicke, mostraba esa singularidad entre lo moderno y lo tradicional y el zumo le salió francamente jugoso.

La continuación, «Luna Nueva» destrozó todos los logros del primer film a base de cumplir los deseos de las fans, hambrientas de ver el torno desnudo del lobo, los gestos existencialistas del vampiro y las miradas perdidas de la joven deseada.

Chris Weitz dirigió sin gracia ni talento alguno y el film no era más que un continuo ir y venir de frases dignas de figurar en la estantería privilegiada de las cursilerías más ñonas de la señora humanidad.

En «Luna Nueva», la saga empieza a transmutar su piel hacia un film con componentes claramente reaccionarios, pasando de ser ultraromántica a ser ultraconservadora, demodé, anticuada.

Con un final sonrojante, el film desmereció la saga al machacarnos durante dos horas con los estúpidos diálogos del quiero y no puedo del amor a tres bandas que provocaba gritos casi vaginales en la platea pero la somnolencia masiva del resto de mortales.

En definitiva, la historia no avanzada sino que daba vueltas y vueltas sobre si misma a base de los dichosos diálogos, las caritas lindas y el amor prohibido tan fatal, fatalísimo.

En «Eclipse» la historia sigue parada (no sé como la escritora de las novelas ha podido alargar tanto el mismo concepto) y no pasa aparentemente nada, salvo cuatro escenas de acción. Ella sigue deseando copular con el vampiro, que es más antiguo que una puerta y, como los Jonas Brothers, prefiere casarse primero (argggg), así como ser una vampireta más, lo que no gusta al lobete Jacob, tan mono y tan fibrado, que pone morritos de enfado cuando los ve juntos. Y ya está, todo igual bajo el sol.

Eso sí, David Slade, el nuevo director, tiene más talento que el anterior y el film es muchísimo más llevadero que el precedente. La misma primera escena está rodada con estilo y creatividad y el film es más entretenido, no resulta tan hiperbólico como el anterior. De hecho, las escenas de acción están bien narradas y estructuradas y el film airea, con buenas dosis de realización visual, los instantes más plastas de los sufridos diálogos graves que disfrutan las cuerdas vocales de los protagonistas.

De «Eclipse» destaca la dirección de David Slade, la fotografía del vasco Javier Aguirresarobe y la música del genial Howard Shore aunque no salve la función a una historia cansina y que no avanza, ñoña y un pelín retrasada, interpretada por un Robert Pattinson que sólo veo convicente en este papel, una Kristen Stewart que empiezas a provocarte pelusilla y un Taylor Lautner que, sinceramente, tendrá tableta de chocolate pero es muy, muy justito.

Que les pase lo que les tenga que pasar pero que la saga se acabe pronto.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 mes y 7 días

Crítica: «Toy Story 3» o el adiós definitivo a la infancia

EstupendaMisterios de la distribución hacen que «Toy Story 3» se pueda disfrutar ya en Estados Unidos y en Sudamérica pero no en España, dónde aterrizará el 23 de julio.

Mis hermosas vacaciones en Perú, concretamente en la bella ciudad de Trujillo, me han permitido meterme en un acogedor cine para poder ver esta deliciosa tercera parte que cierra definitivamente el subtexto que ha vertebrado todas sus entregas; ese adiós a la infancia, al caluroso abrazo de los juguetes, que abriga a los pequeños y que, al dejarlos, te ponen en bandeja una nueva etapa de la  vida en la que la imaginación y la ternura se sustituyen por la realidad y la supervivencia ante las obligaciones.

Por ello, esta última escena de «Toy Story 3» es tan perturbadoramente emotiva e intensa, al mostrarnos el alejamiento a la infancia que todos hemos vivido. Pero no desvelaré más, lo prometo.

Antes de ese hermoso desenlace hemos vuelto a comprobar que las señas de identidad de Pixar siguen intactas: creatividad y originalidad en los personajes, la emoción que envuelven sus actos e ingenio en el desarrollo de la historia.

El film se abre con una escena chispeante en la que toda la creatividad de la factoría se pone en acción: un prólogo divertidísimo, repleto de acción que sirve de espejo con su epílogo, en el que la imaginación infantil se derrocha situando a sus conocidos juguetes en situaciones desternillantes.

Pero el tiempo pasa tal como se acaba la batería de una cámara de vídeo. Brillante.

A continuación y hasta su final, el film ofrece una auténtica bacanal de nuevos personajes, algunos de los cuales son sencillamente sublimes, cada uno con su tic y su identidad, recogiendo la originalidad y brillantez en la construcción y definición de personajes de la factoría, y todo un conjunto de situaciones geniales, estupendas, donde acción y emoción van de la mano y consiguen construir un castillo de naipes magnífico, derrochador de inteligencia y entretenimiento puro, graciosísimo, repleto de momentos descacharrantes para la mandíbula.

No hay descanso ni descensos creativos en esta montaña rusa de diversión total que supone «Toy Story 3», película ejemplo de creatividad y sensibilidad.

«Toy Story 3» se erige, así, como una digna continuación de una saga que nos ha enseñado la emoción que se esconde detrás de un juguete, en ese gusto especial de la Pixar en dotar de alma a aquellos en los que nunca, o casi nunca, nos fijamos.

Y es que detrás del sentimiento de un juguete, está un pedazo de nuestra alma infantil.

Por Juan Pablo Beas, hace 1 mes y 7 días

Críticas: «Iron Man 2» en forma, Gyllenhall da estilo a «Prince of Persia», flojita «Que se mueran los feos» y fallida «Noche Loca»

No cenaría al lado de este tipo ni loco«Iron Man» agradó a la platea y a la crítica por el buen equilibrio que lograba entre el espectáculo de acción y la definición del personaje que se esconde detrás del traje de hierro.

El primer film de Jon Favreau llegó en un momento en el que las adaptaciones de super-héroes se entretenían más en la psicología del personaje que en sus aventuras. Su tono ligero, su humor y su acción dosificada refrescaron este estilo más denso que tenían el «Hulk» de Ang Lee (film que adoro especialmente) o los «X-Men» de Brian Synger.

Robert Downey Jr., con su sinvergonzonería irónica, acabó de popularizar el personaje, que rezumaba inteligencia y empatía con los espectadores.

En la segunda parte, «Iron Man 2», ese equilibrio entre acción y definición se mantiene, algo meritorio teniendo en cuenta la tendencia en Hollywood a que las segundas partes tengan más de todo.

Ciertamente, el film contiene más escenas de acción (muy bien narradas) y más efectos visuales pero no descuida a su personaje con un tono, en esta ocasión, más grave y taciturno,  al centrarse en la enfermedad que afecta a nuestro protagonista.

Un repugnante Mickey Rourke como villano y la estimulante presencia de Scarlett Johansson redondean un divertidísimo film de acción que garantiza el más puro y desacomplejado entretenimiento.

«Prince of Persia», buen estilo y malos diálogos

Jake, siempre es JakeNo se puede negar que ver a Jake Gyllenhall como Príncipe de Persia le infiere clase a esta película Disney producida por el megalómano Jerry Bruckheimer.

Como también juega a favor del resultado final la estimable modernidad y elegancia en la dirección de Mike Newell o el brillante trabajo técnico de primeras espadas como John Seale (fotografia) o Michael Khan (montaje).

La película, que bebe de «Piratas del Caribe» e «Indiana Jones», tiene una factura espléndida, cuidadísima, lo que te facilita no irritarte del todo con los previsibles (y estúpidos) diálogos que tienes que escuchar (cuando discuten chico y chica deseas la muerte de ambos) o la debilidad de una trama un tanto confusa y con resolución complaciente.

Y es que tanto muerto no era normal en la Disney. Pese a ello, el film entretiene con cierta convicción.

«Que se mueran los feos» o ¡ay que rico!

No es tan divertida como «Fuera de Carta», el anterior film de Nacho G. Velilla, pero contiene buenos momentos. «Que se mueran los feos» es una película flojita, bastante flojita, pero ante la que no puedes evitar reírte viendo cantar «Eres tú» a los tres protagonistas en el coche o con la extravagancia de algunos personajes como el memorable que interpreta Juan Diego.

Concluimos el repaso con «Noche Loca» que desaprovecha la comicidad de dos grandes como son Steve Carell y Tina Fey en un film que acaba con otra almibarada mirada hacia la familia tradicional americana. Solo el taxista gritón produce buenas risotadas.

Por Juan Pablo Beas, hace 2 meses y 18 días

Críticas: La «Alicia» de Burton no maravilla y Pattinson y su cara de existencialismo de bolsillo

AliciaEl universo de Tim Burton y de Lewis Carroll confluyen en muchos aspectos: en ese gusto por los personajes marginales y extremos, en hacer navegar a seres perdidos por universos oníricos sobrecargados de claroscuros, en inventar e imaginar con extrema y original creatividad, en arriesgar narrativamente.

Por ello, que el director fuera el encargado de adaptar «Alicia en el País de las Maravillas» para la Disney no podía ser un pastel más apetecible y sustancioso.

Pero entre Burton y Carroll había muchos peldaños por subir y en alguno de ellos se ha quedado la maravilla que todos deseábamos y que no vemos en esta película que, pese a ser visualmente extraña y atrayente, flaquea por un guión muy blandito de Linda Wolverton, más preocupada por resultar lineal y seguible que por innovar y dar al encendido creador una ruta de viaje a la altura de sus extravagantes gustos.

Como hiciera Steven Spielberg con «Hook», el guión sitúa a una Alicia de 20 años que vuelve al país de las maravillas sin recordar nada. Un punto de partida interesante que, tras un prólogo alentador, cae en picado al mostrarse la guionista incapaz de atreverse o de vehicular una historia más atractiva, hasta el punto de escribir soluciones discursivas bastante chapuceras (las acciones que suceden dentro del castillo son un auténtico despropósito).

Pese a ello, la película tiene un visionado relativamente agradable si nos entretenemos en esos pequeños detalles del universo Burton: en la deformidad de la Reina Roja, en los ojos desorbitados del Sombrerero Loco, en la delicada ingenuidad de Alicia, en la liebre dislocada, en las estupendas intervenciones del gato vaporoso o en las lámparas-mono que resultan desternillantes.

Decepcionante, para que engañarnos, pero con escenas visualmente geniales.

«Recuérdame» o  Robert Pattinson no cambia la cara

¡No soporto esta vida si no fuera por ti y por mi cara tan hermosa!Me encantó Robert Pattinson cuando vi «Crepúsculo» tanto como el film, del que me confieso admirador. Otra cosa es la segunda parte «Eclipse» que me parece infame. 

En «Recuérdame» el actor lastra una historia atractiva con la misma cara de «esta-vida-no-me-importa-un-rábano-y-la-sobrellevo-gracias-a-mi cinismo-y-lo-guapo-que-soy» durante todo el metraje.

La verdad es que la dirección tan afectada y tan lánguida tampoco beneficia al film pese a que consigue destellar retazos brillantes cuando deja los gestitos y se mete en las tripas de sus personajes. El final gustará o no pero impacta y eso es bueno.

En un abril poco provechoso, tan sólo destacar la curiosa película iraní «Nadie sabe de gatos persas» que nos muestra un cine de ese país reivindicativo, moderno y urbano. Toda una novedad.

Por Juan Pablo Beas, hace 3 meses y 15 días

Mis pequeñas joyas musicales II: «It's my party» de Basil Poledouris

Cierren los ojos y escuchen ese temaSegunda entrega de mis pequeñas obras favoritas. Estoy obviando, de momento, títulos muy conocidos y por todos admirados, para ofreceros algunas partituras menos conocidas que me han gustado especialmente.

Basil Poledouris ha sido uno de los grandes nombres de la música sinfónica de los años 80 y 90. Autor de rotundas obras maestras como «Conan», «El Lago Azul» o «Starship Troopers», músico espectacular y de inmensidad instrumental, también ofrecía destellos líricos protagonizados por hermosas melodías.

«It's my party» (1996) es una película que pasó desapercibida ya que era francamente floja. Explica una fiesta que da un hombre enfermo de Sida a sus amigos.

Cuando Poledouris entregó al director Randall Kleiser una muestra de la partitura, el director quedó alucinado. Se trataba de una muestra de los temas interpretados con el piano, unos temas a los que había que añadir la instrumentación.

El director se emocionó tanto que pidió a Poledouris que no los instrumentara y que los mantuviera a piano. La elección no pudo ser mejor.

La música es absolutamente preciosa al mostrarse desnuda, sin artificio, limpia. Una partitura de prestigio para su compositor.

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